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Respuesta a la "Carta Abierta A Los Imbéciles"




Por J. Pablo Staforelli (a) y Dan Macías (b). (a): Doctor en Física (b): Médico Cirujano La red chilena biobiochile.cl hace eco amplificador de una carta abierta a los imbéciles que creen en “Médicos Por La Verdad”, escrita como opinión de un autor independiente desde Málaga (1). La publicación no se condice con la imparcialidad que se espera del buen nivel del periodismo, basado en argumentos objetivos y la razón lógica, por el contrario, más bien parece un descargo de frustraciones emocionales que solo dan cuenta del estado general de las libertades de expresión hoy en día. En respuesta al autor, suele pasar que algunas personas o ciertos grupos de personas tienen la sensibilidad suficiente para darle reconocimiento a sus pares intelectuales como un rasgo de identidad en versión aumentada de ellos mismos: lo que tales personas piensan de sus pares o de otros individuos puede ser reflejo de la propia condición interna, considerando que la proyección es un mecanismo psicológico de defensa consistente en que el sujeto atribuye a otras personas las virtudes o defectos que él detecta en sí mismo, incluso sus carencias. Expresado esto, manifestamos que no tenemos vínculo con el movimiento "médicos por la verdad". Sin embargo, el motivo por el cual los profesionales de "médicos por la verdad" exponen voluntaria y gratuitamente su prestigio personal y el de sus carreras ante este alud político/sanitario, amerita revisarse con cuidado sin el sesgo de la presunción inicial. Acá existe una discusión rigurosa de fondo, basada en evidencia, datos y metodologías cuyas bases han sido pobremente atendidas y estudiadas.

No se trata de un simplismo basado en un absurdo negacionismo frente al nuevo beta-coronavirus SARS-COV2 (cv19). Se trata de la magnitud de la respuesta frente a la pandemia que se ha suscitado en todo el mundo a continuación de los brotes en Wuhan, China, y que, en estadística comparada, no guarda proporción alguna frente a la agudización de la hambruna de más de 130 millones de personas según World Food Programme de la ONU (2) y desnutrición para más de 370 millones de niños en 173 países que normalmente dependen de las comidas escolares como una fuente confiable de nutrición diaria, según la ONU (3). Estos son solo dos ejemplos de la magnitud que significa la depredación profunda a la economía de los países, legitimada por las acciones de política social y sanitaria implementadas. Hasta acá es importante recordar cuáles eran las proyecciones iniciales de la pandemia de cv19 para no perder la perspectiva y que obligaron a cerrar todo el planeta. El modelo más influyente emanó del Imperial College, colaborador de la OMS ante brotes infecciosos urgentes, y tuvo por autor principal a Neil Ferguson, mismo que predijo fallidamente una pandemia por Influenza A(H1N1) el año 2009. Ese modelo estimó que cv19 causaría hasta 2.2 millones de muertes en los EE. UU. y más de medio millón muertes en el Reino Unido en ausencia de medidas de bloqueo (4). Esas graves predicciones condujeron de manera aparentemente justificable a medidas de bloqueo adoptadas en muchos países y que aparentemente corrigen la tasa de ocurrencia de casos y fallecidos, mas no el número absoluto total. Con una tasa media inicial asumida de letalidad por infección (IFR) en el rango 2.2%-9.3% para mayores de 60 años y una tasa media de letalidad por infección (IFR) de 0,9% en todos los grupos, se asumió la proporción de personas infectadas en 81%, así la predicción correspondería a un número global de muertes comparables con la influenza de 1918, en el rango de 50 millones de muertes y cientos de miles solo en Chile. A la fecha, sin embargo, no se ha superado el 2% de esas magnitudes, haciendo un acto de fe al asumir, sin confirmación de autopsias, que el 100% de los fallecimientos mundiales atribuidos a cv19 hasta la fecha hayan ocurrido efectivamente "por" cv19. El IFR real medido y publicado está en el rango medio de 0.24% (5), con una media máxima de 0.9% sólo en regiones específicas que superaron el valor medio de fallecimientos por millón de habitantes, y con una probabilidad de morir (debido a contagio) que es comparable a la probabilidad de tener accidentes fatales por conducción en autopista (6). Los informes de autopsias realizadas en forma independiente en servicios médicos legales alemanes confirman la realidad de estos valores en las muertes estudiadas (7). Luego, se abre también un cuestionamiento al test de diagnóstico, llamado RT-PCR (Reacción en Cadena ejecutada por Polimerasa y mediada por Transcriptasa Reversa). Todo el registro de casos y fallecidos a nivel mundial se basa, principalmente, en un único método de RT-PCR que identifica a su blanco u objetivo cuando en la muestra tomada al paciente se detecta una secuencia genómica viral de cv19 que sea compatible con un patrón fabricado sintéticamente, in-vitro. También existe el método serológico, basado en medición de anticuerpos, pero éstos son detectables luego de varios días del inicio de los síntomas. El protocolo RT-PCR fue enviado a publicación el 21 de enero 2020, aceptado y publicado en menos de 24 horas (8), con dos sucesivas correcciones el día 09 de abril y 30 de julio de 2020. Es un esquema para confirmación de diagnóstico que no certifica la presencia de virus íntegros, capaces de infectar células sino, que solamente detecta residuos moleculares de cv19. Sin embargo, RT-PCR presenta significativas variaciones de probabilidad de resultados falsos negativos en personas infectadas; de 100% en día 1 a 67% para el día 4 libre de síntomas, con una media de 38% en día de síntomas hasta 66% en el día 21 (9). Conjuntamente, existe una alta homología del genoma de cv19 con otros coronavirus (10), y, por último, es un protocolo que jamás ha sido calibrado a esta magnitud global de datos estadísticos. Todo esto en conjunto abre válidos cuestionamientos a la sensibilidad en la detección, que es, finalmente, el resultado que justifica toda la realidad estadística de la pandemia.

Esta misma realidad estadística muestra que en Chile, según cifras del Departamento de Estadísticas e Información de Salud (DEIS), entre enero y agosto murieron diariamente 337 personas el año 2018, 345 personas el año 2019 y 380 personas el año 2020, y concordantemente refleja que no existe sobremortalidad "desproporcionada" comparada con años promedios en Chile, Brasil, (11), Suecia, y muchos otros países. Más bien, cv19 parece reflejar que adelanta y reemplaza (o acompaña en el más relativo de los casos) fallecimientos debidos a causas respiratorias que, de forma lamentable, pero inexorable, igualmente iban a suceder en un periodo más extenso durante el año. Esto es bioestadística fundamental, datos duros, que estarían dando cuenta de un registro de números absolutos de fallecidos "por" cv19 bastante espurio en su real magnitud. La revista más prestigiosa en medicina de investigación, The Lancet, publicó un artículo que menciona que las cuarentenas totales y las políticas públicas de salud que se han implementado sirven absolutamente de muy poco (aunque el trabajo no lo dice así, por la corrección política). El factor de incidencia más relevante es el estado general de salud y capacidad hospitalaria de su población en las condiciones iniciales, y las políticas implementadas no modifican esta condición. Textualmente, el informe de la investigación dice ""full lockdowns and wide-spread COVID-19 testing were not associated with reductions in the number of critical cases or overall mortality" ("los bloqueos completos y las pruebas COVID-19 generalizadas no estuvieron asociadas a reducciones en el número de casos críticos o la mortalidad general") (12). ¿Cómo se explica esto? Se trabaja como hipótesis que cv19 estuvo diseminándose en la población muchísimo antes de los primeros casos detectados en Wuhan, China, y antes del inicio de las cuarentenas totales. Otro trabajo así lo confirma también: R0, que es la tasa de nuevos casos originados a partir cada caso, no varía pues la infección sigue su curso, alcanza su máximo luego de 7 a 8 semanas y luego cae, independientemente de las medidas de salud pública que se tomen indistintamente en cada país (13,14).

Ante esta evidencia, especialistas en medicina de población coinciden en tomar todos los resguardos posibles con ancianos y grupos de más alto riesgo, invocando el concepto de distanciamiento físico, más que social. En vista de: que la medida sanitaria llamada "cuarentena" ha sido aplicada deformando forzadamente su diseño, pues ha incluido a personas sanas; que ha mostrado ser una medida bastante infértil y sumamente perjudicial, según cifras que ya son ampliamente conocidas; y que, en suma, su implementación y resultados arrojan una imagen muy distinta a la difundida mediáticamente en América Latina, ha quedado claro que la cuarentena debió haberse aplicado en su sentido original, es decir, sobre personas enfermas y sobre aquellas que estando sanas tuvieron contacto en forma directa con las enfermas. En una pandemia, son las personas enfermas y más vulnerables quienes deben ser aislados de la comunidad, no las personas sanas, pues, de ese modo práctico, se reduce el grupo que requiere los cuidados más esenciales al mismo tiempo que se aísla el mayor número posible de nuevos contagiados. El concepto "inmunidad de rebaño", difundido a comienzos de esta pandemia, afirmaba que se requería que el 60-70% de la población desarrollara anticuerpos para se detuviera la transmisión del virus, pero ese porcentaje es una mera extrapolación obtenida de estudios respecto a la eficacia de los programas de vacunación; sin embargo, en base a los datos reales (no extrapolados) que han emergido en estos meses, hay evidencia de que la inmunidad colectiva es alcanzable cuando el 17% de la población ha adquirido anticuerpos, como se observó en Estocolmo (16), en mayo de este año. En base a las conclusiones del estudio portugués (17) que fijó en 10% a 20% el umbral necesario para alcanzar la inmunidad grupal -lo cual es concordante con el estudio sueco- la variabilidad en susceptibilidad y/o exposición a la infección es la responsable de que no se cumpla la estimación que se tomó prestada a los resultados de vacunaciones. Así, cuanto más rápidamente se alcanza el rango de 10%-20% de inmunidad de la población, más rápidamente se habrá superado la etapa más crítica de la epidemia, de acuerdo a la evidencia de las curvas de casos publicadas a nivel mundial. Por otro lado, el colapso ocupacional de los servicios públicos es grave, pero es un problema estructural que ha estado siempre presente cada temporada, al límite de las capacidades máximas comparando años normales. Para insistir en la gravedad sobre el nuevo coronavirus, el escenario comparativo por excelencia que se esgrime es Italia. Este país cuenta con más de 17 mil muertes por influenza en los últimos cuatro años, casi 25 mil en la temporada 2016/17 (17). Finalizando, es ampliamente sabido que, de acuerdo con los antecedentes de que disponga, todo profesional de la salud que otorgue atención a una persona (ya sea con el objetivo de prevenir o de tratar una enfermedad) debe comunicar a esa persona la información que considere relevante para que ella tenga conocimiento de su situación, de sus posibilidades de recuperación y de los eventuales riesgos que corre; y que esta información debe proveerse en términos claros, comprensibles para quien la recibe. Sin embargo, el tratamiento destemplado de la información por parte del Ministerio de Salud de Chile -que renunciando a comunicar mediante porcentajes (lo que permitiría a las personas poder comparar proporciones y también informarse comprensiblemente respecto a los casos totales recuperados) ha decidido entregar diariamente un conteo de números absolutos- probablemente ha sido, junto a la innegable participación de la TV, un ingrediente esencial del pánico masivo iniciado en Chile hace 5 meses, que obliga a recibir atenciones de todo tipo exponiendo los servicios y el personal médico, creando cadenas de contagios más peligrosas para las personas más vulnerables. En Suecia el personal de salud que presentaba PCR(+) y se encontraba asintomático, regresaba a sus funciones antes de los 14 días y siempre extremando las medidas. Pero en Chile un profesional sanitario con PCR(+) es enviado a cuarentena en casa hasta completar 14 días y así no hay quien atienda a la población. Luego aparecen noticias amplificadas de colapsos de servicios que aterrorizan a la gente. Quizás los canales de TV puedan hacer un alto en su continua transmisión de noticias y abrir un espacio para transmitir entrevistas grabadas y/o en vivo con científicos y médicos bien documentados, que puedan educar a la población tele-pensante con información actualizada extraída de revistas científicas serias y analizada por los mismos profesionales, para contrastar "Lo que se dijo que sucedería" versus "Lo que realmente ha sucedido, respaldado por las cifras": en síntesis, para contrastar el relato versus los datos y así calibrar la toma de decisiones respecto al escenario real que ha ido presentándose en estos meses. Lamentablemente, ha sido poco (y quizás nulo) el espacio que ha dado la TV para facilitar la difusión y discusión científica entre la población general.

Estas pequeñas evidencias necesitan atención y respuesta inmediata, de forma seria. Que sean los datos y la razón lógica, no los estados de emoción, quienes den respuesta al posible fiasco bioestadístico, en proporción al escenario inicial, que condujo a la aplicación de decisiones y acciones de políticas sobre sociedades de todo el mundo, con desastrosos resultados.

Aunque al final queda la sensación de que no existe interés en estudiar qué está pasando.


Bibliografía:

(1) https://www.biobiochile.cl/noticias/opinion/tu-voz/2020/08/14/carta-abierta-a-los-imbeciles-que-creen-en-medicos-por-la-verdad.shtml

(2) https://insight.wfp.org/covid-19-will-almost-double-people-in-acute-hunger-by-end-of-2020-59df0c4a8072

(3) https://unsdg.un.org/resources/policy-brief-impact-covid-19-children

(4) https://www.imperial.ac.uk/media/imperial-college/medicine/sph/ide/gida-fellowships/Imperial-College-COVID19-NPI-modelling-16-03-2020.pdf

(5) https://doi.org/10.1101/2020.05.13.20101253

(6) https://doi.org/10.1101/2020.04.05.20054361

(7) https://www.youtube.com/watch?v=7qfoFh-HpiU&t=2s

(8) https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pmc/articles/PMC6988269/

(9) https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pmc/articles/PMC7240870/

(10) https://youtu.be/A1dVy7oyckY

(11) https://www.fnm.cl/post/sobre-datos-y-relatos

(12) https://www.thelancet.com/journals/eclinm/article/PIIS2589-5370(20)30208-X/fulltext

(13) https://doi.org/10.1016/j.tox.2020.152486

(14) https://www.timesofisrael.com/the-end-of-exponential-growth-the-decline-in-the-spread-of-coronavirus/

(15) https://doi.org/10.1101/2020.05.19.20104596

(16) https://doi.org/10.1101/2020.04.27.20081893

(17) https://doi.org/10.1016/j.ijid.2019.08.003