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¿Por qué la gente buena le va peor que al chanta?


La verdad, esta columna debería estar repleta de insultos y molestias. Sí, cuesta contenerse, aguantar la rabia, y mantener los buenos modales. Hay cansancio. Frustración. Llevamos años, demasiados tal vez, soportando ser dirigidos por una clase política mediocre, arrogante, mentirosa, y lo peor, poco patriota.


Suena duro, y por supuesto que hay excepciones, pero no hay otra manera de definir a personas que anteponen sus intereses particulares, partidarios, o derechamente ideológicos, por sobre el bien común o la nación. ¿Qué otra explicación podría haber para entender situaciones como estas? :


Empleados públicos, con trayectorias brillantes y verdadero espíritu de servicio, pasados a llevar o postergados en sus carreras para “ubicar” a operadores políticos o“amiguis”. Más derechos para los victimarios que para las víctimas. Obligar a algunos a ser solidarios con informales que no cotizan, vagonetas y chantas. Aumento de impuestos sin controlar el despilfarro del Estado. Vista gorda a los ambulantes ilegales mientras se fiscaliza y multa al comercio legalmente establecido. Subir la tarifa del transporte público sin primero perseguir y sancionar a los evasores.


¿Se da cuenta?... La gente de bien, que aporta y cumple, debe poner la otra mejilla mientras los políticos mantienen contentos a sus grupos de interés. Sí, esos que les dan, o mejor dicho “venden”, sus votos a cambio de saltarse la fila o las reglas sin ninguna consecuencia. La pregunta entonces es hasta cuándo tendremos que soportar que nos quiten libertad, que se sientan con las atribuciones para decidir cómo debemos de vivir nuestras vidas y proyectos familiares.


Que usen los impuestos para engordar a sus rebaños de clientes y así mantenerse en el poder. ¿Cuándo dejaremos de escuchar los cantos de sirenas? ¿Cuándo dejaremos la indiferencia y castigaremos con el voto a los charlatanes que viven de la receta mágica de engañar para ser reelegidos?


Usted, sí, usted, que en el escritorio de al lado tiene a un incompetente que llegó ahí por un favor político, alce la voz. Usted que paga el Transantiago y ve a tontorrones con el último IPhone en mano saltarse el torniquete, alce la voz. Usted que paga contribuciones, y ve que su alcaldesa se gasta la plata en fotos personales, alce la voz.


Alzar la voz. Sumar voces. Es la única forma que nos va quedando para salvar el país. Sumar voces hasta formar un coro y gritar lo más fuerte posible: "No votes de nuevo por los que siempre hacen lo mismo."



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