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Pedazos y retazos de la Cuenta Pública de Boric

Por Benjamín Escobedo (Teólogo e Investigador de Historia)

Escritor para Latinoamérica (Monte Alto Editorial)

Columnista de Fundación Nueva Mente (FNM)

Lic. Teología

Lic. © Historia


La cuenta pública es un momento para reflexionar, comunicar y dar a conocer las necesidades del país, así como para informar sobre los avances logrados. En Chile, hemos presenciado la segunda cuenta pública del Presidente Gabriel Boric Font desde que asumió el cargo. Esto ha generado diversas aproximaciones, opiniones y asimilaciones. Tal vez, la cuenta no fue más que un esfuerzo por cumplir protocolos, sumar fuerzas y mantener un imaginario de promesas constantes. Por tanto, mi columna de esta semana se titula "Gabriel Boric: Fragmentos y aspectos de la cuenta pública".


En primer lugar, el análisis posterior de la cuenta se percibe como una acción política propia de la democracia, aunque se ha cuestionado la viabilidad práctica del gobierno en temas económicos y sociales. Fue una especie de retórica elegante que parecía más un "cuento" que una verdadera rendición de cuentas. Esta cuenta pública del 2023 presenta una hoja de ruta para el país que muestra un "compromiso" gradual y responsable hacia un Estado de Bienestar basado en tres ejes: seguridad, derechos sociales y desarrollo sostenible. Sin embargo, la falta de autocrítica revela una izquierda que sigue anhelando una Nueva Constitución como objetivo principal para Chile, mientras que otros aspectos relacionados con políticas públicas parecieron quedar relegados en la narrativa del Gobierno.


En segundo lugar, si hablamos de contenido, las palabras del Presidente reflejan una desconexión con la realidad del país. Uno de los grandes temas destacados fue la reforma tributaria, que será crucial para financiar gran parte de las iniciativas del Gobierno. Esto ha sido interpretado como una burla hacia los ciudadanos, quienes son los que financian al Estado. Si bien existen recursos para proyectos relacionados con género, diversidad sexual y mujeres, parece haber una falta de fondos para modernizar el Estado, reducir el gasto público y no depender exclusivamente de una reforma para lograr avances. Es probable que esta iniciativa de reforma tributaria sea reintroducida en julio ante el Senado, pero podría ser otro intento fallido.


En tercer lugar, el Presidente hizo un recuento de algunas iniciativas que se han implementado en sus primeros 14 meses de gobierno. Estas incluyen el copago cero para Fonasa, el proyecto para garantizar el pago efectivo de las pensiones de alimentos, el aumento del salario mínimo a $500 mil y el royalty minero. Además, mencionó que los próximos años de su mandato se centrarán en tres ejes: derechos sociales, seguridad y desarrollo sostenible. Sin embargo, el Presidente necesita asesoramiento, ya que estos desafíos requieren recursos, acuerdos transversales, consideraciones del mercado y un enfoque realista, muy diferentes a lo que se presentó en su última cuenta pública.


En el ámbito de la salud, el Presidente se comprometió a reducir en un 40% los tiempos de espera al finalizar su gobierno, pero recientemente apoyó desde su propio Gobierno el fin de las ISAPRES. Por otro lado, mencionó que se habilitarán al menos 15 centros de salud mental y se están desarrollando otros 23. Sin embargo, el Presidente olvida que el área de la salud depende de varios factores, como recursos, plazas, profesionales capacitados, especialidades, entre otros. El avance en este ámbito se logrará a través de la educación, con un aumento y mejora en la formación de profesionales y una valorización de los docentes como agentes facilitadores de conocimiento. Hasta ahora, parece difícil lograr todo esto con los niveles actuales de educación superior.


En el ámbito educativo, el Presidente mencionó que este año pretenden destinar hasta $155 millones en mejoras para escuelas y colegios, especialmente en sectores rurales. Sin embargo, esto no cambiará por sí solo el orden, nivel y calidad de la educación en Chile. Es necesario abordar otros aspectos, como la rigurosidad formativa, un sistema de admisión más serio, la calidad de los docentes, la investigación científica y la evaluación de los colegios estatales en términos de gasto público. También se debe valorar el papel del maestro como facilitador de conocimientos y reconocer el cambio de paradigma necesario en la educación chilena, en lugar de recurrir a meras palabras y discursos vacíos de la izquierda.


Además, no podemos dejar de mencionar que el Presidente reafirmó su compromiso de presentar una iniciativa para eliminar el Crédito con Aval del Estado (CAE) y establecer un nuevo sistema de financiamiento educacional, aunque esto está condicionado a la aprobación de la reforma tributaria. Sin embargo, ¿no se prometió originalmente la condonación del CAE para todos al inicio de su mandato? Estas ocurrencias atraen a las masas con mentes influenciadas por emociones, resentimientos y sesgos de mercado. Hubo muchas frases, ocurrencias y "novedades" presentadas por el Ejecutivo, pero también se adelantaron medidas relacionadas con los 50 años del golpe de Estado que se conmemorarán el próximo 11 de septiembre. Aunque la memoria es importante y forma parte de la historia de un país, Chile necesita cambios, transformaciones y avances en el acceso al consumo que son mucho más urgentes que invertir millones de dólares en un hito que, si bien es significativo, no debería ser la prioridad en las políticas públicas para nuestra sociedad. Como sugiere Agustín Squella, uno de los académicos más importantes de Chile, "con palabras que en el discurso público consideramos importantes ocurre algo extraño y auspicioso a la vez. Extraño, porque se trata de términos que nos importan pero que, en muchas ocasiones, no sabemos cómo definir claramente; y auspicioso, porque aunque no sepamos con certeza lo que significan, podemos ponernos de acuerdo al momento de identificar situaciones que van en contra de lo que esos términos representan" [Agustín Squella. Igualdad. Valparaíso: UV, 2018. pp-10]. Tal vez, el Presidente de la República debería releer sus palabras, afirmaciones y declaraciones para descubrir las contradicciones y utopías presentes en su segunda cuenta pública.

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