Nuevos líderes y su lucha invisible

(Por Rodrigo Olalde)

Aunque cueste reconocerlo, la izquierda chilena se impuso. Sin embargo, esto sólo se explica por la incompetencia de políticos de derecha, que no supieron cómo actuar ante una turba de manifestantes.


No es culpa de quienes protestaban. Yo era uno de ellos. La culpa es del simbolismo creado por el aplastante triunfo del Apruebo, que fue capturado por todos los partidos zurdos, desplazando a quienes apoyamos el Apruebo desde una visión más moderada y dialogante.


Es evidente que el pueblo está enojado, y eso provoca desesperación y anula la capacidad de escucha y diálogo. Argumentos simples convencen rápido, es cosa de mirar la aclamada Lista del Pueblo, un futuro partido político (porque lo admitan o no ya entraron al sistema) que tenía una misión muy ambigua, donde lograron un buen resultado con un discurso populista y aprovechando la desinformación o pocas ganas de educarse de algunos votantes.


Algunos de los candidatos independientes electos engañaron a sus electores, vendiendo su imagen de “independiente” y la ciudadanía les creyó y votó por ellos, aunque nadie asegura su actuar en la convención. La militancia nos ayuda a entender las posturas de los ciudadanos que participan en política activamente, y los partidos políticos tendrán que enfrentar la mayor amenaza de la historia reciente: la desconfianza de los ciudadanos.


Los líderes actuales son distintos al modelo que el discurso populista combate. Son buenos oradores, pero carecen de la base del liderazgo tradicional del buen político que conforman otras cuatro capacidades, con las que no todos cuentan. Aquellos que tienen argumentos y capacidad de diálogo son cancelados por masas de prisioneros en sus cavernas de Platón lideradas por un algo sin forma, un sentimiento de querer luchar sin saber contra qué…

Pero de alguna manera están ganando la batalla.


Quiero confiar en que existirá conversación en la Convención. El diálogo supone opinar y escuchar, y estar dispuesto a discutir, con racionalidad y respeto, debatiendo sin agresiones y procurando siempre lo mejor para la sociedad. Hay que mirar en perspectiva de futuro, sin dejar de pensar en el presente. Suena cliché a estas alturas, pero la calidad de la educación es la base del gran cambio: una gran formación ética y moral, basada en la filosofía y llevada a la práctica con el rol del ciudadano, es la clave para llegar al desarrollo. No se debe poner como contrapuestas a la sociedad y la economía. Debe reflexionarse y trabajar

en una mirada transversal ambas materias.


El actual y el siguiente Presidente de la República, sin importar su color político, no gobernarán como ha sido tradición en nuestra historia democrática. Será una simple figura administrativa. Los verdaderos poderosos serán 155, los chilenos les elegimos y está en sus manos el destino de la Patria.


Es conveniente actuar con prudencia y evitar generar expectativas utópicas sobre el resultado de este proceso. Hay que esperar que quienes representan la voluntad de las urnas hagan un gran trabajo, mirando el bien de Chile y no sus intereses particulares. Ya no hay vuelta atrás en este camino.