Los Juegos Olímpicos del victimismo.

Por Jano García - Escritor IG: https://www.instagram.com/ellibrepensador/

Los Juegos Olímpicos son un termómetro de los tiempos que vivimos. ¿Y cuál es la moda de nuestra época? Hacerse la víctima. Estos juegos se han convertido en una competición de relatos cargados de sentimentalismo e historias que se venden como conmovedoras a las que Steven Spielberg debería dedicar una película. Detrás de cada medalla hay un eslogan político acorde a la coyuntura. Chinos, indios, negros, altos, bajos, gordos, flacos... todos han conseguido (o eso dicen) sobreponerse a la terrible sociedad opresora. Pero la combinación ganadora de este año es mujer+negra.

El rebaño se entretiene pastando en sus cuentas de redes sociales y compartiendo los absurdos e impostados dramas del primer mundo. Ante la ausencia real de problemas, los «TikTokers» se centran en llenar su triste existencia con las nuevas religiones dando como resultado auténticos esperpentos como el millonario oprimido, especuladores-filántropos, ecologistas con jet privado, víctimas profesionales, consumidores comunistas y capitalistas subvencionados. Todos juegan a ser antiestablishment y vender su podrido discurso a través de kits de mercado en el reino de la imbecilidad, amparados por el Estado total que no sólo se aprovecha de estas nuevas praxis, sino que las alienta para tener entretenido al personal. Los occidentales quieren víctimas, no héroes. Creyendo que el mundo es la realidad privilegiada que disfrutan, obvian los verdaderos dramas que se siguen y seguirán dando.

Lo cierto es que desde que tengo uso de razón las atletas negras han tenido un papel destacado en las Olimpiadas. Todos hemos jugado de niños a emular a los atletas. Recuerdo que las niñas se peleaban por ser Marion Jones, mientras que los perversos machos teníamos como ídolo a Jordan. Pero el espantajo creado por el main stream ha provocado que se traguen una paranoia que sólo existe en sus cabezas y convertirla en un modo de vida que pasa por culpar de tus fracasos a una ficticia opresión racista heteropatriarcal. Así, si triunfas es a pesar de ello y si pierdes es por culpa del sistema opresor. Es el argumento definitivo, el win-win del victimismo profesional.