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¡LE EXIJO RESPETO!


Seguramente usted ha estado en situaciones que al principio causan gracia, después vergüenza, y finalmente rabia. 


Claro. Si es el amigote bueno para las piscolas el que se manda un numerito tras otro, no sería mucho el problema, pero si quien por sus actitudes nos lleva de la risotada al enojo es el Presidente de la República, vaya que sí lo tenemos.


Habiendo tantos y tan graves problemas por resolver en el país, resulta frustrante tener que detenerse una y otra vez en las “formas” de nuestro rockstar de fonda. Sí, porque las formas son tan importantes como el fondo.


Al principio fue divertido eso del “mamarracho”, pero cuando el gustito de no usar corbata o elegir trajes que parecen sacados del baúl de utilería de un nightclub se hace en presencia de líderes mundiales, o representando al país en foros multinacionales, la cosa cambia.


Y es que en definitiva no estamos al parecer en presencia del “primer servidor de la nación” sino de alguien que ha decidido servirse de los privilegios y atribuciones que el cargo le confiere. Sin entrar en temas no menos importantes que lo involucran directamente, a saber: pitutos, sueldos, volteretas, y un largo etcétera; el que Gabriel Boric se haya vestido como corista de Juan Luis Guerra para dar un discurso este último fin de semana nos debería llamar a la reflexión. 


Pongamos un par de ejemplos sencillos. 


¿Qué opinaría usted si el sacerdote en la prédica del domingo está vestido como payaso?, ¿o el profesor jefe que recibe el primer día de clases a su hijo lo hace con una tenida sadomasoquista?


Ubicación. Criterio. RESPETO. No es tanto lo que se le pide a una autoridad, pero Boric pareciera no entenderlo. Desde esta pequeña tribuna le sugerimos que se dé una vuelta por un funeral en alguna isla de Chiloé, que asista a una empresa para la ceremonia de despedida de un trabajador que se jubila después de toda una vida en ella, o que se fije en esos funcionarios de los cementerios que ayudan al traslado de la urna y arreglos florales… Sí, se dará cuenta de que todos esos chilenos, comunes y corrientes, a veces muy humildes, están vestidos como corresponde ya que respetan la solemnidad de la ocasión y la tarea que desempeñan.


Aunque la esperanza es lo último que se pierde, va siendo ya una realidad que el personaje se está comiendo a la persona, o lo que sería más grave, que serán cuatro años en los que el cargo más alto del Estado será usado para los delirios de un egoísta. Mientras tanto, usted elija en qué etapa está: risa, vergüenza o rabia.

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