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La estafa de la paridad



¿Se acuerdan de la pesadilla del proceso constitucional anterior? Seguramente sí. Todos quedamos bien traumados…menos algunos, los políticos de siempre, que insisten, que reinciden en su falta sin responsabilidad alguna…


Esta semana, la Cámara de Diputados, con votos a favor de Chile Vamos (de Jorge Alessandri, Guillermo Ramírez, Juan Antonio Coloma y Francisco Undurraga, entre otros), vuelve a cometer una de las mayores injusticias del proceso constituyente anterior: regular la regla de la paridad en los resultados electorales.


¿Por qué digo injusticia? Seguramente muchos de ustedes habrán escuchado que la regla de la paridad es buena, que ayuda a la mujer, que la saca de la situación de opresión eterna en la que se encuentra y la empodera como nunca. Seguramente resuenan cosas de este estilo en sus mentes…sí, porque han sido muy pocos los que se han atrevido a llamarla como realmente es: una regla injusta, que rompe con la igualdad ante la ley y que menosprecia a millones de mujeres. Y que en la elección de constituyentes pasada perjudicó a 11 mujeres que, por no tener gónadas masculinas, debieron ceder su cupo obtenido legítimamente, otorgado por el pueblo chileno, a otros hombres con muchísimo peor desempeño electoral.


¿Por qué es injusta? ¿Qué esconde realmente la paridad? Principalmente dos cosas:

1. Presupone que los intereses de las mujeres estarán siempre mejor representados por mujeres. ¿Es esto cierto? Por supuesto que no…y entenderlo así implica también el colectivizar a las mujeres, implica pensar que las mujeres, por el hecho de su sexo, tienen una determinada estructura de pensamiento, un particular corpus ideológico, una cierta concepción de lo que es correcto y de lo que no. Todo eso, por el solo hecho de ser mujeres.


En segundo lugar, es injusta porque 2. hace primar los intereses de la mujer candidata por sobre la mujer electora. Sí, porque doblega la voluntad de miles de mujeres electoras que legítimamente pueden votar por un hombre que, por aplicación de esta injusta regla, debe cederle el cupo a una mujer candidata solo por el hecho de ser mujer.


¿Qué hay detrás de todo esto? Una agenda, un movimiento de activistas, un grupo de interés para el cual el bien de la mujer no es su prioridad sino solo una excusa y un bonito discurso para recibir el voto de incautos…y con esto los grandes cargos, las grandes reparticiones públicas, los suculentos salarios, los presupuestos para programas ideologizados…¿Y la mujer chilena qué? ¿Dónde queda la mujer chilena? ¿Qué es de aquella que creyó inocentemente en la bondad de reglas como la paridad? Ahí está, no goza de un pomposo cargo público, no tiene un suculento sueldo, no recibe los beneficios de los programas de las disidencias sexogenéricas ni de los talleres de dibujo de clítoris…muy por el contrario, su situación se mantiene inalterada o peor… tal como investigó nuestra Directora de Comunicaciones María José Olea, desde la creación del Ministerio de la Mujer en 2016, los delitos de violencia intrafamiliar, abuso sexual y homicidio contra las mujeres han aumentado…TODOS. Los de violencia intrafamiliar escalan de 92.000 a 106.000. Los de abuso sexual de 5.547 a 10.241. Los de homicidio de 34 a 43.


¿Por qué dejamos que este tipo de cosas pasen?


Porque cierto sector de la oposición, particularmente Chile Vamos, no ejerció su rol. Prefirió no dar discusiones difíciles, no cuestionar falsos consensos y se plegó…asumió el relato victimizador de la izquierda y las activistas feministas.


Pero corren otros tiempos, los tiempos justamente de envalentonarse, de romper consensos injustos, de cuestionar lo que el progresismo retrógrado, con la venia de una coalición política pusilánime, estableció como una verdad.


La paridad es una regla injusta: altera el resultado electoral que el pueblo chileno decidió, colectiviza a las mujeres, desproveyéndolas de su identidad y especificidad individual, y constituye el primer escalón para que las activistas feministas se transformen en casta.




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