top of page

La demolición de Boric



Como un estudiante serio de la política moderna, uno de los únicos que existe en este país lamentablemente, le comuniqué en su momento a todos mis adláteres y conocidos antes de las elecciones pasadas –los 5 o 6-, lo que inevitablemente iba a pasar si el resultado terminaba como finiquitó. La progresiva destrucción de las instituciones y de la legalidad del país, a vista y paciencia de nuestros señores políticos que no entienden, ignoran o simplemente prefieren hacerse los estúpidos frente al estado de la izquierda en el siglo XXI. Les comunico que de los 5 o 6 hoy solamente me quedan 2, ya que los otros me abandonaron por latero, mientras en La Moneda, sentado en su butaca preferida, nuestro querido Presidente se ríe a patas sueltas de cómo los engañó a todos y se pregunta si alguien en este terruño entiende algo de política, o son todos limítrofes u oligofrénicos analfabetos.


Ya en Marx –siglo XIX- se ve claramente la concepción de que toda institución y cultura humanas han sido creadas por la clase dirigente para mantener subyugados a los trabajadores en favor de los burgueses. Toda la sociedad, de hecho, es una especie de gran ley omnicomprensiva de esclavitud y servidumbre, la cual establece derechos para los capitalistas burgueses y deberes para los proletarios. Incluso a la religión se la califica como el opio del pueblo. De ahí nace la idea que no es posible construir socialismo de calidad en una sociedad como la nuestra, la cual, no es otra cosa que un tremendo campo de concentración para oprimir proletarios. Por tanto, si entendemos que nuestra sociedad es una prisión dónde todo es un barrote, no es viable entonces construir socialismo en ella y la única solución es demolerla.


Este es un tema absolutamente fundamental en toda la literatura de izquierda moderna y es tan recurrente, que nadie que se dedique o se crea un sujeto político, se puede dar el lujo de no conocerlo. Este concepto se encuentra ampliamente presente en el marxismo clásico, en el posmodernismo y en prácticamente todos los posmarxismos contemporáneos, actualmente conocidos muchos de ellos como progresismos. Si alguien ignora este punto específico, mejor dedíquese a plantar árboles y a jardinear en el patio trasero de su casa, si la tiene.


A consecuencia, la estrategia política que está abrazando la izquierda progresista moderna a nivel mundial hoy no es otra cosa que la demolición de la sociedad y sus instituciones como las conocemos, algo tan simple como eso, y nuestro primer mandatario nos lo está recordando. Cómo está escrito, por lo demás. De a poco, y con un volumen y perfil bastante bajos en mi opinión –calladitos-, su gobierno integrado por comunistas y varios concertas redimidos ya cansados de hacerse los social-demócratas, está destruyendo el país y la sociedad que tanto nos costó construir y, lo mejor de todo, es que destruir es infinitamente más fácil que construir por, lo cual, la labor es mucho más simple para ellos.


Respecto de lo anterior considero pertinente advertir lo siguiente. Cualquier fuerza política que se acerque a negociar con el Gobierno, lo que va a estar negociando es cómo, cuándo y dónde se demuele el país. Si lo hacen a través de leyes o de decretos, vestidos o desnudos, parados o acostados, con una sonrisa o con cara de pena, etc. No van a estar negociando nada más porque, a esta gente no le interesa mejorar ni preservar nada en el presente contexto, ya que lo único que ven son barrotes y paredes como señalé con anterioridad. Es así, que cuando el ala feminista de la centro-derecha habla con esta gente de problemas de género para llegar a acuerdos en ese tema y obtiene concesiones, lo hacen porque para la izquierda el problema de género es hoy una cuestión fundamental para dinamitarlo todo y no para mejorarlo por, lo cual, ya sería hora de que nuestras ilustres diputadas empiecen a investigar y aprender un poco sobre los reales alcances de la Teoría Critica de Género, lo que, les aseguro, a muchas las va a hacer cambiar de opinión.


Muchos dirán qué esto es exagerado y qué hasta dónde pueden llegar estos cambios. Déjenme explicarles lo siguiente. Si entendemos correctamente –como creo entre otros- que nuestra sociedad se estructuró con base en las ideas y la cultura judeocristiana, con una patita de filosofía griega y derecho e instituciones romanas, y que esta ideología tiene a su vez como pilares fundamentales los 10 mandamientos, entonces debemos deducir que la lucha hoy está principalmente ahí. En los valores básicos sobre los cuales construimos lo que tenemos.


La institución que más odia la izquierda históricamente son las iglesias cristianas, como principales preservadoras y difundidoras de la filosofía judeocristiana, por eso en la Revolución Española el deporte favorito de los republicanos y anarquistas era el tiro al sacerdote. Dónde veían uno le disparaban. Y lo que más odian de ellas no son sus riquezas ni edificios, sino que, es el hecho que ellas fueron las que le proveyeron a la sociedad occidental lo que consideran los barrotes principales de la prisión capitalista, los cuales como dije, son 10. El problema es así de profundo y ya sería hora que nuestros preclaros líderes empezaran a entenderlo.


Los 10 mandamientos son el pilar fundamental del judeocristianismo y este a su vez es la piedra principal del estado occidental y, si queremos terminar con lo que tenemos hoy, debemos cortar sus raíces… dígase la estructura moral que lo sustenta. Así de radical y violenta es la cosa. Todo lo que creemos bueno y decente para esta gente es malo y opresivo, y todo lo que creemos malo y opresivo para ellos es bueno, por el solo hecho de que lo rechazamos nosotros.