"Fake news": un instrumento de control estatal

Por Francisco Cancino | Director de Estudios FNM


Con votos a favor del Frente Amplio y el Partido Comunista, algunos del PDG y otros descolgados de Chile Vamos, la Cámara de Diputados aprobó un proyecto de resolución que rechaza la utilización de Fake News en política y solicita al Presidente de la República tomar medidas para prevenir su elaboración y difusión…volvamos un poco atrás.

“Las pensiones no serán heredables” ¡Fake news!, “Las nuevas viviendas sociales no serán propias” ¡Fake news!, “Se termina con el estado de emergencia” ¡Fake news!, “Se acaba el derecho y deber preferente de los padres a educar y criar a sus hijos” ¡Fake news!, “Sistema unicameral encubierto” ¡Fake news!, “Los pueblos indígenas tendrán escaños reservados en todos los órganos de representación popular” ¡Fake news!, “Se acaban los derechos de aprovechamiento de aguas” ¡Fake news! ¿Lo recuerdan? Es solo un breve resumen de lo que fue la campaña de cara al plebiscito constitucional. Hace unos cuantos meses, fuimos testigos de una de las peores campañas políticas de la izquierda chilena en la historia reciente: el radicalismo de la propuesta constitucional colgó a la izquierda con su propia soga. Porque desproveer a los chilenos de sus ahorros, esclavizarlos al arriendo estatal de viviendas, entorpecer la lucha contra el terrorismo, despojar a los padres de la patria potestad sobre sus hijos, acabar con centenares de años de historia republicana, consentir a los activistas indígenas y secar a los agricultores no podía ser tan fácil, no podía estar exento de críticas y tampoco, por supuesto, podía quedar falto de explicaciones de su parte: ¿Cuál fue esa explicación? ¿Cómo respondían los partidarios del Apruebo a las críticas populares que recibía la propuesta? “SON FAKE NEWS”.


¿Casual? Por supuesto que no. Si bien, en tiempos de campaña, la izquierda se vio absolutamente incapaz de comunicar políticamente su propuesta y de hacerla digerible para los chilenos, lo que explica en parte que hayan tenido que recurrir al comodín fácil de las fake news como forma de sortear las deficiencias de su propuesta, esta no es realmente la razón de utilización de dicha arma.


¿Por qué creen que parte de las explicaciones que se dieron desde la coalición de Gobierno a la paliza electoral del 4 de septiembre fueron las fake news? La izquierda, hábilmente, vio en ese relato 1) una justificación aceptable de su derrota y una forma de eximirse de su propia responsabilidad; 2) una razón para no desahuciar su proyecto político; 3) pero lo más importante: un instrumento indispensable para crear o catalizar condiciones ambientales propensas a la limitación y restricción de la libertad de expresión. ¿A qué me refiero con esto? A la observación de un fenómeno y sus implicancias -las fake news y la derrota electoral-, el señalamiento del causante de dicho fenómeno -la libertad de expresión- y el remedio para dicho fenómeno -la limitación y restricción del causante, la libertad de expresión-.


¿Por qué debemos rechazar la diseminación y penetración de este relato? Porque, en la superficie, es condición necesaria para adoptar mecanismos de intervención de la libertad de expresión, pero más profundamente, bajo una fina cáscara de bondad, permite establecer, mediante decretos o leyes, quienes tienen la autoridad para determinar si algo es veraz o no y quienes, por el contrario, no tienen dicha autoridad. Es decir, el poder que hoy en día está radicado, en forma dispersa, en todos los integrantes del pueblo, se sustrae de aquellos y pasa, en forma concentrada, a los políticos.


¿Cómo se produce esta cesión de poder popular hacia los políticos? Existen diversos mecanismos. No es posible y tampoco inteligente reducir la intervención del Estado a su modo más drástico, es decir, a la censura directa de discursos. La libertad de expresión no solo va de poder decir lo que se venga en gana, sino que dice relación con un ecosistema de libertad, una ausencia de dirección externa. Y en ese entendido, las alteraciones de dicho ecosistema de libertad de expresión y prensa pueden tomar la forma de lo que he ordenado como “mecanismos de intervención directos” y “mecanismos de intervención indirectos”. Los primeros, los más duros: el establecimiento de discursos oficiales, leyes de memoria, censura de determinados discursos, multas y cárcel para ciertas opiniones, intervención en líneas editoriales de medios de comunicación privados y estatales, leyes de medios, entre otros. Los segundos, los más blandos: publicidad estatal, programas de “alfabetización mediática”, subsidios estatales a medios de colectivos de activismo, proliferación de medios de comunicación estatales, Sistemas de Medios Públicos.


Muchos de los mecanismos que mencioné ya han sido utilizados por la coalición de Boric. La instalación del relato de las fake news no comenzó con la campaña recién pasada. Es parte de la agenda política de la alianza Frente Amplio y Partido Comunista. Recordemos: 1) los programas de Gobierno de Boric y de Jadue, el primero plantea la creación de un Sistema de Medios Públicos, el segundo, además, una Ley de Medios; 2) la Convención Constitucional y su Reglamento de Ética, que establecía una historia oficial respecto de lo ocurrido solo desde 1973 en adelante y constituía un comité de poseedores de la verdad, con la facultad de sancionar discursos que se apartasen de dicha historia oficial; 3) El Manual de Buenas Prácticas para la difusión mediática de temas Mapuche, que promovía Izkia Siches, en un intento de pauteo a los medios de comunicación de cómo hacer “verdadero” periodismo; 4) Ahora, más recientemente, la probable sucesora de Boric como candidata presidencial 2025, Camila Vallejo, y su triple aparición. Primero, para presentar el Convenio “Más amplitud, más voces, más democracia”. Segundo, su participación en el foro “Fortalecer los ecosistemas de información y abordar la información errónea y la desinformación” de OCDE en Luxemburgo. Tercero, la creación y liderazgo del Grupo de trabajo por “el combate a la desinformación”.


En fin, la libertad de expresión y de prensa está en riesgo, y a la suerte de personas probadamente inescrupulosas. El Gobierno pretenderá hacer de esto una cuestión de izquierdas y derechas. Los buenos, los de izquierda, quienes nos protegerán de la difusión de la información que ellos mismos señalen como falsa. Los malos, los de derecha, los criminales mediáticos, los por esencia poseedores de lo falso e impreciso. Frente a esa falsa dicotomía, estaremos nosotros, los chilenos. Quienes deberemos oponernos a este acto de renuncia a la razón, que parte de la clase política perpetrará para sustraer de nuestra esfera de poder, la capacidad de decidir que consideramos veraz y que no.


Espero que, nuevamente, el pueblo, no esté lo suficientemente adelantado como Gabriel y Camila.