¡Despierta, Chile!

(Por Nael Condell)


"Chile despertó" es la famosa frase con la cual se nos ha vendido todo este desastre ocurrido desde el 18 de octubre de 2019. Nos han hecho creer que al fin los chilenos han despertado de un largo sueño de 30 años o de la pesadilla neoliberal. Que después de tantos años de abusos de parte de los grandes empresarios y de la clase política que los favorece, el pueblo se ha levantado, ha despertado, y ha salido a marchar por sus derechos. La televisión, gran responsable de esto, nos mostraba a diario el abuso policial, las miles de víctimas que solo iban a "marchar pacíficamente" y que eran "reprimidas con extrema violencia y sin compasión alguna". Nos romantizaban, cual cuento de Disney, las barricadas, los destrozos, los saqueos, la destrucción de locales comerciales y del mobiliario público. Volvieron héroes a quienes enfrentaban a la policía día a día e invisibilizaron todo lo que ocurría detrás. Levantaron personajes de las marchas, rostros de las movilizaciones, que comenzaron a inundar los medios de comunicación y redes sociales. Personajes como "la tía Pikachu", "el sensual Spiderman", "el perro matapacos" o "PareMan". Personajes que vienen "desde el pueblo" a luchar contra "el malvado sistema neoliberal".

Al final, se nos vendió un cuento completo: una historia de un pueblo abusado y triste, que es rescatado por estos revolucionarios. Héroes, villanos, todo el pack.


Pero no se dejen engañar, Chile no despertó, Chile se enamoró de la revolución juvenil. Como un marinero que cae en los cánticos de una sirena, Chile pasó del sueño del desarrollo al sueño revolucionario. Ese que trae consignas pegajosas y que llegan directas al corazón: "solo el pueblo ayuda al pueblo", "ni de izquierda ni de derecha", "pensiones dignas", "vida digna", "sueldos dignos", etc. Caímos en la magia de la televisión a tal punto que dejamos de ver nuestra propia realidad. Esa que nos mostraba la incomodidad de tener que ir a otra comuna a comprar, porque el supermercado que teníamos cerca de casa había sido saqueado y quemado. Aquella que nos hacia tomar micro, porque el metro había sido destruido, o bancarnos horas de tráfico porque "el que baila pasa" estaba de moda.


Tan enamorados estamos, que nos cegamos ante la realidad de miles de PYMES que lo perdieron todo por los saqueos. Miles de chilenos que ya no tienen su fuente de trabajo porque estas quebraron al no poder trabajar por culpa de las marchas, las barricadas, etc. Cientos de chilenos que han perdido el trabajo de toda su vida, y hasta quizás negocios de varias generaciones, por culpa de esta "juventud revolucionaria" que se levantó para despertar a chile. Cientos de chilenos que tuvieron que llorar en silencio la pérdida de todo su esfuerzo y trabajo, porque si se quejaban eran unos "fachos pobres" sin empatía por los que "perdieron sus ojos" y luchan día a día por todos los que no pueden luchar. Cientos de chilenos que han visto su calidad de vida decaer drásticamente al vivir en zonas de conflicto: la macro zona sur, zona cero o plaza Baquedano, Santiago centro, etc.


La televisión, como sociedad, nos enamoró del "estallido social", creando una imagen de mayoría revolucionaría. Pero las elecciones de constituyentes, que fue a lo que nos llevó el mal llamado "movimiento social", demostró que son minoría. Una minoría que destruyó nuestras ciudades, nuestro patrimonio, nuestra moral y nuestro orgullo como chilenos. Una minoría que nos decía que como ciudadanos habíamos sido usados y abusados durante 30 años para poder enriquecer a unos pocos. Una minoría que, tratándonos como víctimas de violación, nos decía que solo ellos harían justicia.

El problema es que esta minoría fue el verdadero violador. Fueron los abusadores los que día a día nos decían como pensar, qué decir, y si no estabas de acuerdo, entonces eras un "facho pobre", un nazi, un totalitario que está en contra del pueblo. Fueron ellos quienes utilizan el odio y el resentimiento como principal arma en su discurso. Son ellos quienes dicen estar en contra de la clase política, pero que buscan cargos políticos y piden que el Estado se haga cargo de nuestra vidas.


Lamentablemente los chilenos, cual adolescente enamorado, no han sido capaces de ver lo tóxico de esta relación.


El 60% de chilenos no fue a votar, esa mayoría que tiene como lema de vida "salga quien salga igual tengo que ir a trabajar mañana". Una mayoría que no le interesa la política, pero que tampoco es capaz de ver todo lo que esta puede interferir en su vida.


El voto es importante, no porque le dará un cargo a una persona, sino porque es la forma en la que mostramos nuestro descontento ante aquellos que nos manipulan a través de la televisión, para hacernos creer que, como ciudadanos, valemos menos que unas minorías.

¡Chile debe despertar!

Debemos despertar de este sueño de la romántica revolución y votar por aquellos que entienden de verdad quiénes somos los chilenos.

Somos aquellos que día a día salimos a trabajar para darles lo mejor a nuestra familia. Somos los que nos gusta salir a jugar una pichanga, comernos una sopaipilla o un completo. Somos los que vamos a la feria el fin de semana, o al mall.

Somos los que para Fiestas Patrias nos enguatamos a punta de asado, choripán y anticucho. Nos preparamos el terremoto en galón y dejamos los supermercados sin helado de piña ni granadina.

Somos los que disfrutamos tanto nuestras fiestas y tradiciones que, apenas terminan, ya estamos contando los días que faltan para las próximas.

Somos los que siempre buscamos la forma de emprender o ganarnos unas "moneas" extras. Somos los que soñamos con la casa propia y somos los que no nos importa endeudarnos para viajar o cambiar el auto.

Somos aquellos que, no importa el lugar del mundo donde estemos, sabemos que al gritar "wena conchetumare" recibiremos de vuelta un "wena gil culiao".

Somos aquellos que trabajamos sin cesar para que la próxima generación tenga una mejor vida que la nuestra.

Eso somos los chilenos, gente orgullosa y trabajadora.

Lamentablemente permitimos que nos metieran en el corazón que todo aquello que nos hace ser quienes somos como sociedad está mal y debe cambiar, para que en lugar de nosotros hacer la vida que queramos, sea el Estado quien nos diga qué es lo que podemos o no hacer, cuánto ganar, dónde estudiar, etc.

Insisto, no se deje engañar ni adormecer por los cánticos de la revolución del pueblo, ni caiga en el cuento de la televisión. Al final, todo sigue siendo una minoría violenta buscando aprovecharse de una mayoría que, desencantada de los políticos que no entienden qué es ser chileno, se dejó caer en el sueño del "Chile despertó".

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