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COVID-19: situación epidemiológica en niños y adolescentes de Chile, al 13 de agosto.

Un tipo de coronavirus recientemente descubierto (SARS-CoV-2) ha sido llamado "coronavirus causante de síndrome respiratorio agudo severo tipo 2", aunque su mayor característica es que produce síntomas leves en la abrumadora mayoría de las veces (más del 90%) y esto, siendo lo más típico del virus, es lo que menos se ha estudiado. Ya en mayo se estimaba que en Alemania (1) el total de casos acumulados de COVID-19 podrían ser 10 veces mayor, dado que hay un significativo subreporte de contagios influido por la falta de síntomas.

También se ha estimado que en niños y adolescentes de 10 a 19 años la probabilidad de desarrollar síntomas (2) por la infección es cercana a 20%, mientras que 80% saldrá de la enfermedad sin presentar molestia alguna y, de acuerdo con la OMS (3), no ha habido ni un solo caso documentado de que un niño asintomático haya transmitido la infección. Definitivamente, a nivel mundial, los menores de edad son el grupo menos afectado por el SARS-CoV-2 y esto podría explicarse por la menor susceptibilidad de los niños a contraer la infección (50% menos que los adultos) (2), o por una menor propensión a presentar síntomas, o por ambas.


El comportamiento general de los virus altamente contagiosos es que no son intrínsecamente agresivos, porque si lo fueran las personas infectadas morirían antes de poder contagiar a otros y eso impediría la supervivencia del virus. SARS-CoV-2 no es intrínsecamente agresivo y por esa razón hay tantos casos leves y asintomáticos en todas las edades, pero especialmente en niños y adolescentes.

Además, el sistema inmunológico de los niños inmersos en entornos escolares está en permanente actividad y, producto de las infecciones respiratorias, a los 2 ó 3 años de vida los niños ya han desarrollado anticuerpos contra al menos dos tipos de coronavirus "silvestre", causantes de resfrío común y laringitis (4); todos los coronavirus, incluyendo al SARS-CoV-2, tienen similitudes pues pertenecen a la misma familia viral y los anticuerpos reaccionan contra esas similitudes, aglomerándose en torno a SARS-CoV-2 e impidiéndole invadir células. Esto se llama "Inmunidad preexistente por reactividad cruzada", que consiste en que los anticuerpos contra un virus específico también son útiles contra otro virus semejante, del mismo grupo, y es la razón por la cual se detectan anticuerpos capaces de neutralizar al virus responsabledeCOVID-19 incluso en muestras sanguíneas extraídas el 2018 a mujeres embarazadas (5). Entonces cobra sentido lo que advertían datos australianos (6) publicados a inicios de abril: la propagación de COVID-19 es extremadamente baja en escuelas. Y al 13 de agosto, sabemos que COVID-19 tiene bajo impacto entre niños y adolescentes, como demuestra el análisis de las cifras de Chile, Estados Unidos (EE.UU.) y otros países del mundo: el contagio entre menores de edad de EE.UU. (406 mil niños y adolescentes contagiados, que representan 9,1% de los casos totales) es un porcentaje semejante al de Chile (35 mil menores contagiados, 8,7% de los casos totales) y la letalidad en menores de edad de EE.UU7 puede estimarse en 0,3% mientras que en Chile la letalidad ha sido 0,1%. El registro del Departamento de Estadísticas e Información de Salud de Chile (DEIS) dice que COVID-19 ha causado el fallecimiento de 43 menores, especificando que sólo hay certeza respecto a veinte, pues no ha podido confirmarse que los otros 23 hayan sido realmente causados por el virus SARS-CoV-2. ¿Se encuentran los niños ante un peligro que no estamos percibiendo? Indudablemente, una forma objetiva de medir el impacto de las enfermedades respiratorias son las estadísticas, ylas cifras del DEIS demuestran que no han variado las defunciones por causa respiratoria en niños y adolescentes: el año 2019 hubo 66 fallecimientos en el período marzo-agosto y este año (2020) en los mismos meses han habido 69 fallecimientos. Por otra parte, al entrecruzar los datos del Censo 2017 y del Informe Epidemiológico del 14 de agosto publicado por el Ministerio de Salud surgen dos conclusiones precisas que ilustran la baja susceptibilidad de los niños a contraer la infección por SARS-CoV-2. PRIMERO: la probabilidad de que en Chile un niño o adolescente se contagie es 0,7% (o sea, menos del 1%); SEGUNDO: la probabilidad promedio de que un niño o adolescente contagiado fallezca a causa de COVID-19 es de un 0,1% (o sea, muchísimomenos del 1%). Ante semejantes estadísticas, cabe preguntarse: ¿De dónde proviene el temor acerca de reenviar a los niños a las escuelas? Si el virus respiratorio actual no es más riesgoso de lo que siempre lo han sido los virus respiratorios para la salud de los niños, entonces ¿por quéestamos sacrificando el futuro de los niños, de nuestros hijos? Estadísticamente, no parece sostenible afirmar que lo que hacemos tenga un rol verdaderamente protector para la salud de ellos.


1. https://www.bmj.com/content/bmj/369/bmj.m1862.full.pdf

2. https://www.nature.com/articles/s41591-020-0962-9

3. https://www.who.int/docs/default-source/coronaviruse/situation-reports/20200402-sitrep-73-covid-19.pdf?sfvrsn=5ae25bc7_6

4. https://jcm.asm.org/content/46/7/2368

5. https://www.biorxiv.org/content/10.1101/2020.05.14.095414v2

6. https://www.thelancet.com/journals/lanchi/article/PIIS2352-4642(20)30251-0/fulltext

7. https://services.aap.org/en/pages/2019-novel-coronavirus-covid-19-infections/children-and-covid-19-state-level-data-report/