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Cambio de gabinete: Una pantomima de improvisación

Por Benjamín Escobedo (Académico, Teólogo, Columnista e Investigador de Historia) Certificación en Coaching Liderazgo y Comunicación (PUC)

Escritor para Latinoamérica (Monte Alto Editorial)

Columnista de Fundación Nueva Mente (FNM)

Lic. Teología | Lic. © Historia


Después de varias especulaciones sobre un posible cambio de gabinete en el gobierno, finalmente se realizó una convocatoria con la idea de reforzar y mejorar la gestión de cada ministerio. Sin embargo, este evento estuvo lleno de conjeturas y tensiones. Como resultado, las reflexiones e ideas posteriores trazan indudablemente un camino sobre el denominado espacio público chileno. Por ende, mi columna semanal se titula “Cambio de gabinete: Una pantomima de improvisación”.


Para nadie es un misterio que el Ejecutivo hace tiempo viene experimentando diversos cambios entre opiniones y declaraciones, lo que ha problematizado su agenda política y se ha convertido en sinónimo de "errores no forzados". Entender el desarrollo de un país significa actuar con ideas bien reflexionadas y racionalizadas antes de convertirlas en hechos concretos. De lo contrario, solamente habremos "impreso" ocurrencias en lugar de "ideas" para el debate público.


Primero, el Presidente de la República tuvo bastante tiempo para planificar su gabinete de reemplazo y, junto con ello, identificar las posibles fisuras y estancamientos en cada ministerio contemplado. No obstante, aquello parece ser solo una utopía que soslaya la realidad del Palacio de la Moneda. El mandatario y todo su equipo mostraron una falta de organización sorprendente en el cambio de gabinete, incluso llegando al punto de tener "sillas vacías" que, a estas alturas, son una ironía en sí mismas. El Ejecutivo necesita replantear sus bases, su agenda y posibles acuerdos con el Parlamento. De lo contrario, en los próximos meses divisaremos un desierto en materia de políticas públicas, las cuales son esenciales para nuestro país.


Segundo, dicho cambio de gabinete plasmó el cese del ejercicio público a cinco ministros de sus funciones, de esta forma, instalando nuevas personalidades con el fin de suturar una reprobación general sobre dichos ministerios yuxtapuestos. No cabe duda de que todo aquello resultó en una pantomima por su forma y fondo. Por ejemplo: (1) De los ministros peores evaluados solamente salió la canciller, (2) Uno de los ministerios indudablemente estancados este primer año de gobierno fue educación, sin embargo, no hubo cambios en el, además, no olvidemos que Marco Antonio Ávila se mantiene en el cargo, pese a la polémica que enfrentó tras un altercado verbal con la diputada del Partido Ecologista, Viviana Delgado, que incidió en la votación y rechazo de la reforma tributaria en los últimos días], (3) Los conflictos de Apruebo Dignidad y Socialismo Democrático intentaron izar banderas de liderazgo en vez de procurar cambios sustanciales en la izquierda; y la lista podría continuar. Tal vez, uno de los hechos más bochornosos fue la disminución de sillas asignadas para nuevos agentes ministeriales. Si deseamos realizar una política de fundamentos y diálogo, el Ejecutivo y Gobierno no pueden volver a presentar un cambio de gabinete de esta improvisación, por el contrario, se debe buscar un equilibrio entre las demandas, urgencias, necesidades y una narrativa verosímil a las modernizaciones del siglo XXI en Chile.


Uno de los trabajos más reconocidos en la filosofía política es la obra intelectual de Hannah Arendt que se denomina "¿Qué es la política?", cuya prosa académica inserta una premisa muy pertinente a modo de interpelación. Esta sugiere: “La política nace en el entre los hombres, por lo tanto, completamente fuera del hombre. De ahí que no haya ninguna sustancia propiamente política. La política surge en el Entre y se establece como relación” (Arendt, Hannah ¿Qué es la política? España: Paidós, 2018. pp-45). Los desafíos para el gobierno deben centrarse en escuchar, conciliar y cimentar políticas donde la ciudadanía sienta una “atención” a partir de sus demandas y necesidades. Un mandatario se debe a su país, no a reclamos y vociferaciones de partidos políticos. De esta forma, relegaremos una posible nueva pantomima de improvisación desde el Palacio Presidencial.


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