Negacionismo y negacionistas. Por Paul Villegas

Llegamos a septiembre y como muchos Chilenos esperamos celebrar nuestras fiestas patrias como es debido, no obstante, todo mes de septiembre viene acompañado con un día 11 —día en el cuál ocurrió el pronunciamiento militar el año 73 contra el gobierno de la Unidad Popular. Cómo es costumbre, la izquierda y la derecha Chilena realzan memorias de aquel día. Por un lado está la oposición, que recuerda con nostalgia al presidente Salvador Allende, y por otra parte, la derecha engrandece el legado de los militares y la labor que jugó Augusto Pinochet en ese momento.

Sin embargo, hace unos días El Mercurio lanzó un inserto en la página C5 titulada: “El 11/09/1973 Chile se salvó de ser como es hoy Venezuela”, lo que encendió el debate fuertemente en RR.SS, culminando con la intromisión de la misma planta de trabajadores de El Mercurio fuera de sus oficinas. Como era de esperar, varias figuras comentaron el hecho y Daniel Matamata no fue la excepción escribiendo: “El inserto de un puñado de fanáticos, el negacionismo y la glorificación del golpe por algunos pequeños grupos ocurren cada Once.”

Los dichos de Matamata —que por lo demás se asemejan más ha un despropósito del periodista— no tuvieron nada que ver con lo publicado por el periódico, y la palabra fanático y Negacionismo se hicieron presentes. El autor Paul O'Shea, dice que “El negacionismo es el rechazo a aceptar una realidad empíricamente verificable. Es en esencia un acto irracional que retiene la validación de una experiencia o evidencia histórica”.

Según este autor, los negacionistas serían los mismos que repetidamente acusan de negacionistas a otros —en este caso podría ser perfectamente Matamala o cualquiera que niegue lo ocurrido durante el gobierno de la Up. Por el contrario, en el inserto en ningún momento se niegan las violaciones a los DD.HH ocurridos en la dictadura, lo que sí se hace es, reafirmar lo que hubiese sucedido si la UP hubiera seguido con sus planes abocándose los dichos de importantes figuras en ese tiempo. El mismo nieto de Salvador Allende lo dice: “Si Salvador Allende estuviera vivo estaría alineado con todos estos gobiernos progresistas” […] Allende vive en la revolución bolivariana. Hay muchas similitudes en ambos procesos”.

La oposición utiliza el discurso del negacionismo para intentar acallar opiniones que no son disidentes con sus posturas, en este caso la libertad de expresión se ve amenazada, por personas que utilizan una retórica política desgastada y solventada por el dolor ajeno para poder perpetuarse en el poder. Lo que me parece insólito, es que acusen de negacionista a la derecha, y después digan que Salvador Allende era la representación viva de la democracia. Ante esto, no se me hace nada de extraño, que tengamos estudiantes de derecho de la Universidad de Chile, funando a un profesor en clases porque este defendió el golpe de Estado a través de unos correos electrónicos.

Cómo yo lo veo, se glorifica mucho ha dos figuras —qué en mayor o menor medida— le hicieron mucho daño al país. La derecha tampoco se queda atrás en esta materia, el 11–S se recuerda como “el día en que Chile recuperó su libertad”, nada más alejado de la realidad. La libertad es un derecho transversal en una sociedad civilizada, la cuál no debe servir a intereses ideológicos aunque nos moleste o nos violente —como dirían en los medios—, y claramente esa regla no se cumplió durante el régimen de Pinochet.

Por otra parte, ambas posturas nunca encontrarán un punto de inflexión, y la única solución para esta gran disyuntiva histórica, parece ser reducida a la palabra olvido. Algunos me dirán insensible, como se te ocurre decir eso, otros me insultaran al no poder encontrar mayores argumentos, pero lo que queda claro es, que al parecer a este país le molesta la verdad, y peor aún, le molesta escucharla.

Sin más, el Negacionismo no solo se traduce en negar ciertos hechos históricos, también consiste en crear un relato que nunca ocurrió, y que por lo tanto, no tiene sustento en la evidencia. Como escribió José Rodríguez en una columna muy sobria llamada, Cuando la memoria no consigue hacerse historia:

“Para opinar con un mínimo de solvencia sobre “el once chileno”, debo hacer una desclasificación sumaria: fui funcionario de la confianza de Salvador Allende, tengo un alto respeto por su memoria, estuve entre los muertos presuntos de la jornada, me procesaron en ausencia y solo retorné a Chile en 1991” [...] la reconciliación que traía en mis valijas cuando volví a Chile hoy me parece utópica. Para reagendarla, habría que mejorar cualitativamente desde la calidad de la educación de nuestros infantes hasta la calidad de nuestros políticos, pasando por la calidad del liderazgo en nuestras universidades.”

Sus palabras son claras, si queremos avanzar como una sociedad unida, tendremos que apartar la ideología del debate, aprender y reconocer que estos son temas que nos dividen, que la historia se cuenta de manera compacta y no segmentada, que existen personas que se benefician de esto y que el progreso solo se alcanza tomando la experiencia de nuestro pasado.

Fundación Nueva Mente