Improvisación política. Por Alejandro Pérez Vidal

El debate legislativo acerca de las reformas estructurales del gobierno de Sebastián Piñera, sin lugar a dudas han dejado un gran vacío tanto desde la óptica económica como política.La improvisación ha sido la tónica de la discusión, ausencia de argumentos técnicos, falta de criterios pragmáticos para llevar a cabo propuestas eficientes. Nuevamente se está gobernando y legislando para la galería o galucha, como lo denominó Gabriel Boric. 

El enfoque no ha sido el adecuado, a simple vista pareciera que en el Congreso se discuten temas bastante subjetivos, por encima, sin un argumento técnico en los cuales se sostenga, al menos una idea viable para el plano económico y aceptable, en lo politico. El proyecto laboral del Partido Comunista es vergonzoso, con sólo tres articulo, ambiguos por lo demás pretende solucionar un tema que es de suma relevancia para la optimización y eficiencia del trabajo, la jornada laboral. No hay estudios o análisis de impactos, sólo “buenas intenciones”, no se mide las consecuencias económicas que tendría rebajar la jornada laboral sin que exista un adecuado sistema de flexibilidad laboral y se mantengan las remuneraciones y como contrapartida sin que imponga una carga excesiva para el empleador. Luego, el gobierno propone otro proyecto laboral ( 41 horas semanales flexibles) al menos con mayores antecedentes que permitan al tomarle suficiente seriedad. Ambos simplistas, que se asemejan a querer gobernar en base a las encuestas y lo que quiere la ciudadania, cuál ejercicio populista de la actividad política. Enmendar el rumbo, es un imperativo, que existan propuestas sólidas tendientes al crecimiento y la inversión, no cayendo en simplismos meramente para satisfacer a determinado sector. 

Todo pareciera que, para legislar en lo correcto, la vía es justificar una mayor intervención del Estado o que este aumente su tamaño, gasto público en exceso y sin justificación alguna. Tema preocupante toda vez que quién financia aquello es el propio ciudadano contribuyente, sin que existan políticas públicas eficientes, esto es, con menores recursos ejercer la actividad e implementar leyes de buena manera. Esto conlleva, por excelencia a pulsiones populistas o potenciales candidatos que justifican la democracia para llegar al poder, como sea, el mesiánico tan analizado y comentado por los politólogos en la actualidad. Sin lugar a dudas, las buenas intenciones no bastan para propuestas políticas concretas.

Hoy la izquierda está improvisando, no da ideas claras de sus propuestas, su lucha es en la calle, prometiendo igualdad y repugnancia a todo lo que diga relación con el mercado. Están en búsqueda de un líder presidencial que diga más de lo mismo y que improvise en las políticas públicas, al tenor de lo hecho por Michelle Bachelet. La derecha, tiene la oportunidad para fortalecer su sector, pero está mal enfocada al establecer disputas de poder más que idear políticas y propuestas para el Chile del futuro. Está perdiendo la oportunidad y cayendo en el simplismo de la izquierda. El gobierno propone, la izquierda dispone, frena proyectos, evade sus responsabilidades culpando a la frase de gobierno de Piñera “ Tiempos Mejores” , plantean estar al lado bueno de la sociedad, con el pueblo, falacia que se demuestra en su desprecio por la pobreza y por plantear ideas que permitan un Chile mejor, más libre. 

Cabria preguntarse entonces dónde está el relato del gobierno, aquel que hizo una gran campaña política y que permitió reunir a liberales y conservadores con sus propuestas, permitió unificar en el sector que el contrincante estaba a la izquierda y no el la derecha. Debemos retomar el debate enserio por sobre los simplismos políticos y la improvisación, haciendo de buena manera la gestión política y no pidiendo a la gente que rece para que l guerra comercial no traiga consecuencias a Chile. Enmendemos ese rumbo que nos permitía creer en un proyecto político claro y serio para el país. Pierde el debate y gana la improvisación. 

Fundación Nueva Mente