Subsidiariedad en tiempos de cólera: Cuando el paternalismo asoma. Por Alejandro Pérez Vidal

Actualmente, desde una óptica social y política, el clima es bastante tenso. Paros, protestas, un gobierno que parece más de izquierda que de derecha, que no logra enfocar el eje central de su campaña y,  por sobre todo una oposición escasa de ideas que lo único que parece tener claro que su rol es defender dictaduras y defender modelos antiguos a una sociedad moderna. En tiempos donde aparecen los charlatanes de siempre hablando de Estado fuerte y del concepto de justicia social como un concepto redistributivo y de igualdad, primer error que se demuestra en propuestas con poco resultado empírico.  Murray Rothbard planteaba que el común entusiasmo por la igualdad era en un sentido fundamental, antihumano, su razón estaba en que tendía a reprimir el florecimiento de la personalidad individual, de la diversidad y de la civilización misma, siendo la búsqueda de la uniformidad de los salvajes. 

El avance de cambios necesita de una construcción adecuada de ideas y por sobre todo de políticos que estén a la altura de los nuevos conflictos. La poco satisfactoria formula de más estado y en todos los aspectos de la vida implica institucionalizar la intromisión de un ente violento sobre el individuo, a fin de lograr un método igualitaria, tanto material como moral. Sin lugar a dudas la defensa por las libertades implica un control al ente estatal y burocrático y además el respeto irrestricto al proyecto de vida del otro. Para ello se ha consagrado a nivel constitucional, un principio fundamental que deja al Estado en un plano mínimo frente a lo que pueden hacer los privados y en general las personas, sólo cuando el individuo no puede hacer, interviene el estado o, cuando existe una función connatural a su existencia. Debemos tener cuidado con el principio, se ha malinterpretado muchas veces, a modo ejemplar, la concepción de subsidiaridad va desde Althussius, en 1604, a Benedicto XVI, en 2008.

Aquello hoy se ha colocado en el centro del debate a propósito de la crisis de Essal en Osorno y el típico discurso populista de culpar al privado por todo, Cabe insistir que sin el mundo privado, Chile no estaría en el nivel que actualmente se encuentra, con cierto problemas, pero cuya solución implica un mayor incentivo del ser humano individualmente considerado y una clase política asertiva en sus ideas y no enfocada en defender eslóganes publicitarios o lanzando datos sin tener el mínimo detalle empírico de aquello. Una sociedad de individuos libres debe tener en consideración que el tamaño del Estado debe ser mínimo y reducido tanto en su forma como en el fondo, solucionar un conflicto no es creando leyes o aumentando penas, que por lo demás bastante populista se ha vuelto. Tampoco es la idea, después de que el problema concreto se desata buscar formular legislativas para generar respuestas, como ha sucedido en diversas circunstancias, eso es falta a la eficiencia como promotor del bien común. Demonizar lo privado y el lucro no es un concepto que como sociedad llevará a solucionar los conflictos, hablar de implementar modelos fracasados tampoco, proponer gratuidad a algo genera sin lugar a dudas de trasfondo un acto violento en palabras de Rothbard que se materializa mediante impuestos. 

Frente a un camino complejo, de debates, ideologías extremistas, tanto de izquierda y de derecha, gobierno poco claro, la sociedad civil debe ser la verdadera promotora de cambios, tomar terreno en la coyuntura y en aspectos importantes de la vida, defender la libertad, enserio, es una tarea compleja, por su excesiva dimensión y salida de pseudodefensores que en poco aportan al debate. Hoy, generar un cambio depende de cada individuo y su aporte, desde distintas ópticas, asumiendo el riesgo de debatir constantemente con los expertos en linchamientos digitales, pero que su único contenido es la ofensa y la falta de ideas y lectura frente a temas importantes. La libertad implica un todo, desde fortalecimiento de instituciones hasta propuestas de progreso. Cuando el paternalismo asoma, la libertad es el remedio por excelencia. 

Fundación Nueva Mente