Incentivar la filantropía mediambiental. Por Alejandro Pérez Vidal

El planeta, desde hace ya varios años, se encuentra en peligro, aumento de contaminación, excesivas emisiones de carbono, malas prácticas en orden a generar residuos que colocan en grave peligro la estabilidad del planeta, exceso de plástico en la zona marítima, vertederos clandestinos, entre otros. Unido a ello, la escasez de agua se hace también una señal de alerta. Actualmente, nuestro país cuenta con 39 parques nacionales, 48 reservas nacionales y 16 monumentos naturales. De éstos, sólo el 21% del territorio terrestre y el 41% del marítimos, están a lo menos protegidos. Analizando aquello, y observando la realidad nacional, tenemos un desafío por delante, que a largo plazo debe ser materia de análisis y preocupación de los gobernantes y de la sociedad civil, en general. 

Al respecto, existen dos elementos que son necesarios unir para que la institucionalidad sea eficaz. Por un lado, un adecuado cuidado de la ciudadania en orden a evitar contaminar y, por otro lado una sólida política destinada a fomentar el cuidado del medioambiente, incentivando la filantropía medioambiental, tema poco hablado en Chile  y que es de suma relevancia para la creación de un ambiente favorable en vista a su correcto desarrollo. Preservar el planeta es tarea de todos y no de unos pocos. Sobre la materia, el profesor Rand Wentworth, de la Universidad de Harvard, destacó a Chile como un destino mundial para el turismo que busca la biodiversidad, enfatizando la necesidad de una fortalecida alianza entre lo público y privada para fomentar normativas encaminadas a apoyar la conservación y el cuidado. Una de ellas era la acción filantrópica, la cual en Chile, habida cuenta de las excesivas regulaciones y cargas pecuniarias impuestas a quienes donan, lo hacen casi imposible de llevar a cabo. Nuevamente, nos encontramos con los impuestos como la principal limitante de cooperación privada y además de desarrollo. 

Sobre la materia, los incentivos a donar son nulos, no existiendo una legislación que fomente la filantropía medioambiental y mucho menos una adecuada política pública encaminada a fortalecer la institucionalidad. En ausencia de la legislación especial, se aplica en forma supletoria la ley 16.271 de Impuesto a las Herencia,s Asignaciones y Donaciones, y en virtud de la cual quien dona debe tributar sobre la donación, la cual es de carácter progresivo sobre el 25% del monto. Así, si se trata de una empresa que sea donante, se grava por el impuesto como si fuera un retiro de utilidades con una tasa aproximada del 40%. Podemos colegir que el incentivo es cero y que por consiguiente sí queremos un aporte privado, en vez de beneficiarlo lo castiga, llevando a la abstención de efectuar acciones filantrópicas. 

Sobre el  cuidado, conservación  e incentivo medioambiental, el foco debe ser claro en orden a fomentar una alianza que incentive las donaciones y que estas no sean castigadas o excesivamente onerosas desde el punto de vista tributario. Donar es un gran aporte hacia una labor que hoy en día es nula y que si se establece una legislación favorable a aquello, estamos aportando en forma notable a la conservación del mediambiente a través de una participación disciplinada y responsable. El apoyo de todos los sectores de la sociedad es fundamental, ayuda que no sólo se cubre en forma monetaria, sino que a través de experiencias, conocimiento y gestión y que la alianza público privada debe ser el factor determinante. 

Enfocar el análisis legislativo en temas país y relevantes son fundamentales para un mejor desarrollo, enfrentarnos a los cambios asume una responsabilidad y cooperación entre todos, a través de las ideas y un debate serio, con criterios empíricos y técnicos que permitan generar una política pública integra en orden a mantener y conservar el planeta que pide ayuda y que salvarlo es tarea de todos. La filantropía medioambiental es un gran incentivo para enfrentar estos cambios, una política pública robusta también, pero aquella que incentive  y que no castigue.-  

Fundación Nueva Mente