En defensa del liberalismo. Por Alejandro Pérez Vidal

Por estos días la palabra liberalismo ha ocupado espacios en el debate público. La visita a Chile del profesor de la Universidad de Notre Dame, Patrick Deneen y la exposición de su libro "Por qué ha fracasado el liberalismo", a traído constante opiniones respecto a la sociedad actual y dicho pensamiento político- filosófico, siendo un debate constante desde izquierda a derecha. La derecha más conservadora, en un afán de justicia ha intentado poner la idea de economía social de mercado y la izquierda ha demonizado al liberalismo confundiéndolo en variadas ocasiones con capitalismo. Así aparece una izquierda " salvadora", que habla de la rebelión social y la resurrección del Estado como la deidad que solucionará todos los problemas a través de políticas redistributivas, que pondrá fin a todas las injusticias que existen a través del supuesto de "Justicia social", lo que en lenguaje claro significa derecho a la plata de otro, pero que para muchos es políticamente incorrecto aclarárselo a la ciudadania. 

Constante han sido los ataques hacia los liberales, acusándolos de egoístas e individualistas, se les ha catalogado de que su pensamiento es que cada individuo es un átomo aislado en la sociedad, actuando sin ser influenciado por nadie. Primer error, un liberal es políticamente individualista, postulando que sólo los individuos piensan, valoran y eligen sin influencias coercitivas que lo obliguen a optar por algo que es socialmente aceptado, así cada sujeto tiene propiedad sobre su proyecto de vida. Ello, no niega que un liberal se influencie colectivamente con otros, en valores, iniciativas y cotidianamente, así una de las principales señales de influencias y relaciones colectivas es el mercado, por definición. Así, los liberales no están en contra de la cooperación voluntaria entre sujetos e instituciones, sino que sólo se oponen a la acción coactiva del estado. 

Quizás, los liberales desde el punto de vista moral no tengan mayores diferencias, sino que las principales distinciones entre clásicos, igualitarios, libertarios y minarquistas sea desde la perspectiva económica. La principal relevancia de aquello se encuentra en que papel le entregamos al individuo en la sociedad y el respecto irrestricto a su proyecto de vida, como mínimo común entre las diversas corrientes. Hoy en Chile, tenemos diversos liberales que van desde el Frente Amplio hasta Evópoli, con distintos postulados y criticas entre ellos, ya sea desde la óptica moral hasta lo esencialmente económico. El discurso es variado, pero el mínimo común debe ser la defensa del individuo frente al Estado y el respeto hacia su proyecto de vida. 

Debemos ser cuidadosos con las criticas hacia el liberalismo y no confundirlo, tampoco apropiarse del concepto libertad significa otorgarle mayor poder al Estado sobre la toma de decisiones, desconocer el gran rol que ha tenido el liberalismo en la historia de la humanidad es desconocer su labor en esencia, la cual ha permitido, el progreso, la creación de la riqueza y los avances de la sociedad. Quizás para muchos, entregarle libertades a los individuos sea peligroso para sus intenciones propias, abogando por una mayor igualdad a través de una deidad a la cual llaman estado pero cuyo disfraz va encaminado simplemente no hacia una labor eficiente sino que más bien a la consolidación de un modelo que tienda a controlar la vida en forma completa. No es el liberalismo el que ha fracasado sino que apropiarse de conceptos ha sido lo que ha degenerado el verdadero concepto para el cual nació como corriente política-filosófica. Libertad, Libertad, Libertad como diría el destacado economista argentino Javier Milei. 

Fundación Nueva Mente