¿Estamos preparados para una democracia digital? Por Alejandro Pérez Vidal

Lo único constante en la sociedad es el cambio. Así, uno de los aspectos que sin lugar a dudas se ha tomado gran parte de la agenda lo constituyen los avances tecnológicos, los cuales se han incorporado en forma indispensable al quehacer cotidiano de las personas. De esta manera el uso de conceptos tales como democracia digital (e-democracy) o gobierno electrónico (e-government) han aparecido constantemente utilizados por académicos, políticos y diversos actores sociales cuyo discurso está centrado en analizar la real capacidad de las innovaciones tecnológicas para mejorar la calidad de la democracia y, también en cómo estos cambios influyen en la participación ciudadana. Estas iniciativas que están incentivando el uso de internet, promoviendo que los gobiernos utilicen nuevas tecnologías en las relaciones que establecen con sus ciudadanos, se enmarca dentro de un movimiento internacional impulsado por organizaciones internacionales como la OCDE, ONU y el Banco Mundial, donde la participación ciudadana es elemento esencial en el concepto mencionado, respondiendo también a los nuevos tiempos y desafíos. 

Los aspectos antes esgrimidos, deben ser tomados en cuenta a las posibilidades de implementación y de qué manera la población toma conocimiento y conciencia acerca de aquello; ventajas a través de una participación ciudadana más fortalecida la  cual necesariamente debe estar caracterizada por la capacidad de sus integrantes para obtener y compartir información, conocimiento y difusión. Por otro lado, el riesgo también debe ser factor de análisis, cómo se van a implementar plataformas, cómo garantizamos la privacidad en aquellos casos en que se pretenda el voto electrónico, esto es, secreto e identidad del votante, lo más relevante de todo el debate de qué manera se garantiza una adecuada e integra protección en contra de ataques informáticos y eventuales fraudes, y cómo ayudamos a esa población alejada de lo tecnológico. Todo aquello debe estar centrado en el ciudadano, individualmente considerado y el fortalecimiento de su participación como efectivo fiscalizador del poder estatal, el de aquella sociedad red que permite controlar de qué forma se invierten o gastan sus impuestos y, también en la elección de sus representantes. Un enfoque responsable es imperativo para que el verdadero protagonismo sea del ciudadano y no de aspectos que en la actualidad se han tomado la coyuntura, como la corrupción, políticas estatistas, discursos populistas, fake news. 

La oportunidad de la democracia digital sin lugar a dudas debe ser la oportunidad para incrementar y agilizar la participación de la sociedad en las decisiones públicas, un ciudadano fiscalizador mediante la construcción y mantenimiento en redes de ciudadanos activos, considerando sus posiciones e intereses, no tan sólo a través de la participación de políticas de relevancia pública sino a través de una efectiva gestión institucional de los recursos de los cuales son contribuyentes y que no se traduzca en una simple cuenta pública periódica. Hoy el debate debe contemplar, modernización del Estado a través de uso de tecnologías que permitan agilizar los trámites para que la palabra "burocracia" sea olvidada en un breve lapso por los ciudadanos, los organismos electorales deben tomar en consideración la manera en cómo deben implementar lo digital en futuros procesos eleccionarios, garantizando la transparencia e inmediatez en el escrutinio, de manera que se pueda tener accesibilidad clara y en todo momento. 

La pregunta del titulo de esta columna debe responder a fortalecer la participación, implementación de un correcto sistema de uso de tecnologías alejado de maniobras tendientes a las fake news, destrucción de principios democráticos y por sobre todo debe estar enfocada en el individuo y sociedad civil como la receptora de una información a la cual puede acceder libremente, emitir su opinión y participar en las decisiones que se tomen y cuyos únicos involucrados son ellos. Hoy la clase política se ha tomado diversos temas para justificar su actividad, educación, salud, economía  a través del típico discurso ya sea de la justicia social o la igualdad, inventando políticas donde se encuentra excesivamente regulado y que en nada contribuye al problema.  Quizás, a un gran sector no le interesa una sociedad más informada porque simplemente se le acabaría su discurso y por ende quedarían cesantes al no poder postular al Congreso con el falso concepto de que necesitan ayudad del Mesias estatal. Que la tecnología y mecanismos de implementación sean necesarios y sirvan para fomentar la participación a través del efectivo control del individuo hacia el Estado y no al revés. Al fin y al cabo debemos tener en consideración lo que señalaba Herbert Spencer " Educar es formar personas aptas para gobernarse a si mismas  y no ser gobernadas por otros". El debate sobre la democracia digital queda abierto y está susceptible, sin lugar a dudas a una compleja discusión. 

Fundación Nueva Mente