Encuestas en Chile: ¿realidad o ficción? Por Ricardo Almonte

A propósito de una noticia de hoy en un diario chileno, y aunque no es el objetivo literal de mis comentarios en este momento, me sirve de puntapié.

Hoy se nos informa cifras políticas que pueden o no gustarnos, pero la interrogante que me hago hace mucho tiempo, es si las encuestas en Chile son realidad o ficción.

El diccionario de la RAE define Encuesta como: Conjunto de preguntas tipificadas dirigidas a una muestra representativa de grupos sociales, para averiguar estados de opinión o conocer otras cuestiones que les afectan.

·      Una muestra representativa de grupos sociales, no una muestra inventada o dirigida.

·      Averiguar estados de opinión, no suponerlos.

 Entonces, por favor que el uso de la razón esté por sobre los intereses de algunos.

 Es de discusión el efecto de una encuesta, ya que no hablamos de resultado absoluto (La mera opinión v/s el hecho materializado.)

También es entendible que existe margen de error, pero cuando se aproxima a dos dígitos y peor aún si lo supera, entonces la posible manipulación aberrante queda al descubierto. Tal como se vivió con las encuestas con motivo de las elecciones de 2017. Tras conocerse los resultados de las votaciones, versus los números vaticinados por las diversas firmas encuestadoras, se generó una lluvia de opiniones pero por sobre todo desorientación, vergüenza ajena e impotencia de muchos ciudadanos. De hecho, algunas firmas hicieron un mea culpa.

 Según el último boletín parcial entregado por Patricio Santamaría, respecto a los resultados de las elecciones de noviembre de 2017:

° Sólo 6.699.627 personas emitieron su voto (incluyendo los nulos y blancos).

° El universo era de 14.308.151 posibles electores, por lo tanto un 46,82% fue a votar.

Claramente este tema es de mucha importancia, según la capacidad predictiva de cada encuesta, especialmente en las votaciones populares y escrutinios políticos.

Las encuestas inventadas, las muestras dirigidas, y la alianza de medios de comunicación con agenda política o empresarial no muestran realidades, sino que nos cubre los ojos con una venda.

El porcentaje de electores puede ser mayor, más gente podría cumplir con este derecho cívico, pero la “credibilidad” en las encuestas (que manejan muchos políticos), desanima a los electores, nos pone vendas en los ojos, juega con la mente de las personas, nos hace andar a tientas.

-       Estudios proponen que la publicación de encuestas plantea el riesgo de un “efecto de carro” (tiraje” de un carro con otro):

Los buenos resultados en una encuesta para un candidato harían que las personas sintiesen que vale menos la pena votar por el contrario o simplemente aumentaría la simpatía de las personas por el “ganador natural” lo que, por consiguiente, garantizaría su victoria el día del balotaje en desmedro de su contendiente que habría corrido una carrera perdida.

 -       Otros argumentan el “efecto del desvalido”:

El efecto del desvalido plantea que el candidato que aparece como perdedor anticipado en las encuestas los días o semanas previas al balotaje, obtendrá la simpatía de los votantes quiénes podrían alterar su intención de voto en el transcurso del tiempo.

¿Cómo mejoramos?

Que exista un sello de calidad en las encuestas; El sesgo político lamentablemente alcanza muchas cosas, incluso las encuestas.

Sería eficaz y por sobretodo sano  razón, que se pueda regular y legislar sobre esta materia, creando un marco normativo, tanto legal como ético.