¡Ábrete, Sésamo! Por Jorge Abasolo

Loable la iniciativa de abrir el edificio del ex Congreso Nacional hacia toda la gente. Esto lo sugerí yo hace muchos años, cuando comenzaba a trabajar en sus dependencias. Pero, no me “dieron pelota”, pues yo era un simple funcionario de allí.

Ahora lo ha planteado una diputada del PPD. ¿Me habrá robado la idea? Y bueno…se han robado tantas cosas de ese lugar que una simple idea no altera tanto las cosas. El hecho es que la Honorable diputada Loreto Carvajal, primera vicepresidenta de la Cámara Baja ha dicho que “hay que acercar el Congreso hacia las personas”. El momento no ha sido el más oportuno pues coincide con el instante en que la gente “desea alejarse del Congreso y de todo aquello que a huela a diputados y senadores”.

Pero se trata de un edificio digno de conocerse…y abrirse. Mal que mal es un monumento histórico. Sus jardines son impresionantes; y fueron diseñados por Guillaume Renner, el mismo paisajista francés encargado de obras como el Parque O’Higgins, en Santiago; e Isidora Goyenechea, en Lota. Es especial para ser visitado por parejas de pololos y aquellos matrimonios al borde del naufragio. Sus plantas, árboles y flores permiten que hasta los usureros se pongan tiernos y románticos.
El edificio me lo conozco de memoria y no me canso de alabarlo.
Si se dan a dar una vuelta no olviden de visitar el hemiciclo del Senado, donde hoy se realizan congresos, lanzamientos de libros, ceremonias de todo tipo y seminarios varios. La alfombra que allí existe, es la misma existente hasta septiembre de 1973. Los sillones y las mesas han sido renovados, pero respetando su diseño.
Como somos un país en disonancia con la tradición, lamentablemente al interior del edificio no hay fotos de momentos cumbres, como la visita del dictador Joseph Broz (mariscal Tito) cuando era Jefe de Estado de la hoy extinguida Yugoeslavia. Tampoco hay fotos del velatorio del padre Hurtado, que para ser velado en ese lugar, hubo de dictarse un decreto especial.
Imposible dejar de visitar las campanas de la antigua Iglesia de la Compañía de Jesús, arrasada por incendio que se llevó todo…menos a los políticos.
Esas campanas estaban instaladas justo donde hoy lucen las palmeras del Jardín del Congreso. Ocurrido en 1863, ese incendio dejó un saldo de 2 mil muertos. El episodio permitió crear la Primera Compañía de Bomberos de Santiago, lo que extraña a los turistas extranjeros, que suponían que una Compañía de Bomberos debía existir mucho antes. Es la clásica improvisación del chileno.
Este edificio también fue escenario de capítulos trágicos.

Nada se dice que allí mataron en pleno ejercicio de su mandato al senador Zenón Torrealba, alias “El Cara de Torta”. Le llamaban así, pues el hombre era oriundo de Curicó. Dejó de existir una mañana del 10 de septiembre de 1923…de un par de balazos.
Fue asesinado por el diputado de su misma colectividad (Partido Democrático) Luis Correa Ramírez.
Hasta donde he podido averiguar, el asesinato se produjo en el tercer piso. Más detalles no he podido recabar, pero…algo es algo.

¿La razón? Luis Correa jamás aceptó que el partido no lo llevara a él como candidato a senador.
¡Y es que los egos políticos son más viejos que sentarse con el poto!

 

 

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