Chile y Montesquieu: La importancia de releer. Por Alejandro Pérez Vidal

Sin lugar a dudas, en Chile la crisis en la política y el rol de algunos jueces en la administración de justicia es señal de que las cosas no van en buen camino y que la ciudadania ya no cree en promesas o discursos políticos cuya propuesta principal es el cambio. Así, ya en el año 2015 en un estudio efectuado por el Consejo para la Transparencia concluyó que entre el 81% y 91% de los chilenos posee poca o ninguna confianza en la capacidad de los políticos y de los jueces en resolver problemas sometidos a su conocimiento y decisión. Cifra preocupante y cuyas prácticas aún no han desaparecido, la crisis del poder judicial en Rancagua y el supuesto enriquecimiento ilícito de sus miembros es señal de que el Poder judicial ha tenido falencias en la estructura de nombramiento y designación de jueces. Una reunión de un Senador socialista con el Fiscal Nacional por la supuesta preocupación del funcionamiento de las instituciones en Rancagua da mucho para interpretar. Urge entonces, releer a Montesquieu y su notable obra " El Espíritu de las leyes" que ya en el año de su publicación (1784) planteaba la necesidad de dividir los poderes para evitar tiranías y posibles abusos de poder. 

En primer lugar, la división de poderes del Estado es un principio de organización política que se fundamenta en la distribución de tareas a través de órganos independientes tanto en sus funciones y decisiones como en sus regulaciones, dividánse en ejecutivo, legislativo y judicial. Esta división también es señal de que los órganos deben funcionar en forma autónoma con respecto a los otros, esto para evitar conflictos de poder o de intereses que puedan afectar la debida función. A este respecto, Montesquieu señaló en " El Espíritu de las Leyes" que  " Todo hombre que tiene poder se inclina a abusar del mismo; él va hasta que encuentra límites. Para que no se pueda abusar del poder hace falta que, por la disposición de las cosas, el poder detenga al poder". Así, para evitar abusos de poder es menester una debida división de poderes que se justifica para así evitar conflictos de interés y actos de corrupción que puedan hacer difusa la tarea especifica que cada órgano debe realizar en promoción del bien común como lo dispone la Constitución Política de la República. Una correcta división o distribución de tareas hace que una sociedad funcione en forma adecuada y permita su desarrollo en la forma perseguida por sus sujetos. 

El Chile de hoy muestra su peor cara, órganos confundidos en sus funciones, un poder legislativo que día a día da cuenta de tráfico de influencias y conflictos de interés. El nombramiento de un otrora Fiscal Regional en el cargo de Secretario del Senado es un espaldarazo a la división ya que implica confundir roles y además implican desconfianza en las instituciones. Un reunión entre Letelier y el Fiscal Nacional , y posterior- por lo demás sospechosa- remoción  del fiscal a cargo del caso Rancagua y sus jueces demuestra que no hay independencia y que el tráfico de influencias ha ido aumentando y da cuenta que la política ha caído desde hace años en desprestigio y falta de transparencia en su actuar y la capacidad de algunos jueces en actuar con apego a la ley sin tener que sospechar de sus influencias o contactos para resolver un determinado asunto. Peor , mayor rechazo aún es que estos personajes utilizan los recursos de todos los chilenos para justificar sus actividades y a pesar de existir avances en leyes que exigen transparencia de su actuar comienzan show mediático de que su función radica en el bien de todos y que para evitar estos conflictos existe la confusión de que quitando libertades a los ciudadanos se mejora, otro error que demuestra la necesidad de releer a Montesquieu y a uno de los principales impulsores de la división de poderes, Locke. 

Mención aparte merece en esta columna, la necesidad de fortalecer las instituciones a través una adecuada tarea ya que su principal financiamiento va a través de impuestos que deben pagar los chilenos y en cuya fiscalización la sociedad civil debe tomar un rol importante y que no se debe involucrar a la generalidad de los actores en estos conflictos ético morales sino que también debemos ser capaces de aplaudir y reconocer el correcto trabajo de algunos funcionarios con apego irrestricto a la ley y sus funciones. Un sistema de frenos y contrapesos es menester para evitar posibles actos contrarios al espíritu de la legislación y al ejercicio de una correcta tarea política, garantizar las libertades es prioritario y una sociedad civil que sepa fiscalizar estos actos y ver que se hace con sus recursos, la condena social y los comunicados de las autoridades se diluyen y los actos siguen, es hora de tomarse los derechos en serio como diría Ronald Dworkin y evitar que estas situaciones sigan destruyendo nuestra democracia. Es tarea de todos saber fiscalizar y trabajo de los órganos del Estado en saber el límite de sus funciones y el adecuado uso de los recursos que día a día le proporcionan todos los chilenos. A algunos les gusta hablar de educación gratuita y la necesidad de que el Estado eduque y fin al lucro, entre otros sueños idealistas, el hora de que estos mismo personajes relean a Montesquieu y comiencen por casa, formándose en principios éticos, de democracia y conozcan de una vez por todas los limites de su gestión. 

Fundación Nueva Mente