El milagro finlandés: Las claves del mejor sistema educacional del orbe. Por Jorge Abasolo

Empieza la escuela a los siete años de edad, tienen pocas horas de clases, casi no llevan tareas a la casa y, sin embargo, han arrasado en toda medición internacional.

No obstante, tenemos que revisar también el lado B de una situación demasiado halagüeña para ser real.

Y las hay. Acá, las revisamos

Por: JORGE ABASOLO

 ¿Qué tiene Finlandia…qué ha hecho este país, que hasta hace pocas décadas vivía de la agricultura y de la exportación de materias primas, para llegar a los primeros puestos de los más importantes rankings internacionales que miden el éxito social, económico y político de las naciones?

En efecto, Finlandia, un país con 5,3 millones de habitantes, que era el más pobre del norte de Europa, figura en los primeros lugares del ranking de competitividad internacional del Foro Económico Mundial. Está en el primer puesto del ranking de los países más democráticos del mundo de la organización Freedom House, es el país menos corrupto, según el índice anual de Transparencia Internacional, que mide la percepción de la corrupción en todo el mundo. Pero hay más: ocupa el primer lugar en los resultados de los exámenes internacionales PISA, que miden los conocimientos de estudiantes de 15 años en matemáticas, ciencias y lenguaje, y es el país con mayor número de investigadores científicos per cápita en el Indice de Desarrollo Humano de las Naciones Unidas.

Si existiese una Copa Mundial de Progreso Económico y social, los finlandeses la ganarían.

Las claves del desarrollo acelerado de Finlandia las explica Pietri Toumi-Nikula, director del departamento de prensa de la cancillería francesa:

-“El eje de nuestro éxito está en la educación, y los logros del país en materia educativa probablemente se remontan a un edicto del arzobispo luterano Johannes Gezelius en el siglo XVII, que decía que ningún hombre que no supiera leer podría casarse. (¡SIC!)

La motivación del arzobispo Gezelius era hacer avanzar la reforma de Martin Lutero, que propugnaba  reemplazar la liturgia de la Iglesia católica por una relación más personal de los fieles con Dios, para lo cual era necesario que aprendieran a leer la Biblia. El resultado fue que los finlandeses de entonces, que ardían de pasión por alguna dama y querían casarse, no tuvieron otra opción que aprender a leer. Y con el tiempo, el hábito de la lectura se expandió en el país, al punto de que hoy el diario más importante de Finlandia –el Helsingin  Sanomat- tiene un tiraje de casi medio millón de ejemplares, una de las más altas del mundo en relación con la población del país”.

Como se puede palpar, lo de Finlandia no es milagro, sino más bien producto de una férrea disciplina  acompañada de decisiones poco amistosas o impolíticas, pero que dan sus frutos al mediano y largo plazo.

Pero no todo termina ahí.

Los niños que estudian en Finlandia viven en una sociedad donde la confianza en el otro es regla, donde los profesores son muy respetados y donde aprender es algo muy diferente a memorizar. Selección y segregación no figuran en el diccionario escolar.

 POST SEGUNDA GUERRA MUNDIAL

El sistema finlandés de educación fue reformado a comienzos de los años 70, luego de casi una década de debate parlamentario sobre qué tipo de educación necesitaba el país. En los años 50 Finlandia había quedado diezmada por las consecuencias de la Segunda Guerra Mundial, y su economía –principalmente agraria- tenía como gran recurso la explotación forestal.

El país necesitaba enseñar nuevas competencias a su población, y el acuerdo fue sacar adelante a toda la población –no a los más ricos ni a los mejores- dándoles una buena educación.

Hoy el país no solo figura como una de las naciones con mejor educación, sino que también acumula envidiables índices internacionales en las áreas de felicidad, competitividad e innovación.

 Finlandia tiene un alto nivel de vida, aunque existen crecientes dudas sobre si el país podrá mantener la generosidad de su Estado benefactor, tema que abordaremos más adelante.

Los finlandeses tienen un ingreso per cápita similar al de los ingleses, franceses y alemanes. Tienen más teléfonos celulares que el total de su población; un promedio siete semanas de vacaciones por año; servicios de salud y un excelente sistema educativo –desde el jardín infantil hasta la universidad- gratuitos.

No obstante, también es cierto que cuentan con una alta tasa de suicidios (casi el doble de Suecia), pero mucho menor que la de Rusia y otros países de la ex Unión Soviética. Adicionalmente cargan con un severo problema de alcoholismo, que afecta a muchos jóvenes de ambos sexos.

Es habitual ver muchachas finlandesas vestidas a la moda y con todo el aspecto de ser oficinistas o profesionales, prácticamente tumbadas por los efectos del alcohol en los sillones o en el piso de los bares los viernes y sábados por la noche.

Sin embargo, hay señales visibles de que los finlandeses ven el futuro con mayor optimismo que la mayoría de sus vecinos europeos.

Si usted camina por Esplanadi, la elegante avenida central de Helsinki donde se encuentran los cafés y negocios de moda más conocidos de la ciudad, le llamará la atención la cantidad de parejas que caminan con coches de guaguas, o con niños pequeños tomados de  la mano. Hay un baby boom en Finlandia, un fenómeno inusual en Europa, donde países como España, Francia y Alemania están viendo envejecer rápidamente su población por la falta de nuevos nacimientos. Alentados por un sistema social que da amplios beneficios de maternidad –también les permite a los hombres ausentarse de sus empleos por paternidad-, los finlandeses están empezando a tener más hijos que antes, algo que según los funcionarios gubernamentales pronto se reflejará en las estadísticas de población.

 Ser profesor en Finlandia es más difícil que convertirse en ingeniero o doctor.

Sólo el 10% de quienes aspiran a estudiar Pedagogía logran ingresar.

 LA VOZ DE UN EXPERTO

Tony Wagner, doctor en educación y profesor residente del laboratorio de Innovación de la Universidad de Harvard, se sintió atraído hace un par de años por el exitoso sistema y viajó a realizar el actual premiado documental “El fenómeno finlandés”. Durante dos semanas visitó escuelas, participó en clases, se entrevistó con autoridades, niños, profesores y apoderados, y hasta palpó en terreno otra de las grandes claves del llamado milagro local: la importancia que se le asigna al profesor. Y asegura Wagner: “Finlandia cambió su educación no a partir de una crisis dada por los bajos resultados en pruebas internacionales, sino por una necesidad de país real. Y cuando un país llega a un acuerdo como el de poner a la educación en primer lugar, hay que tomar medidas como cerrar en un 80% las escuelas de Pedagogía, y dejarlas solo en las universidades de élite. Así te aseguras que solo lleguen los mejores a ser profesores y que, dada su alta formación intelectual, no requieren de proceso externo de evaluación”, subraya Wagner.

 Tony Wagner: ”Cuando un país llega a un acuerdo como el de poner

 a la educación en primer lugar, hay que tomar medidas como cerrar

en un 80% las escuelas de Pedagogía, y dejarlas solo en las

universidades de élite”

 Ser profesor en Finlandia es más difícil que convertirse en ingeniero o doctor. Sólo el 10% de quienes aspiran a estudiar Pedagogía logran ingresar, y quienes quieren ejercer la profesión necesitan como mínimo tener un grado de magíster en Educación. Nadie se hace rico siendo profesor, pero las brechas salariales son mínimas en ese país, donde el 50% de los egresados opta por una educación técnica y no profesional.

 HABLA UNA EX PRESIDENTA

Es abogada y nada cómodamente en las procelosas aguas políticas.

 Para Tarja Halonen, el secreto del sistema educativo finlandés

radica en su excelente nivel de capacitación de los maestros

de escuela primaria”.

Fue presidenta de Finlandia hasta marzo del año 2012. Tarja Halonen, también ex canciller y ex ministra de Justicia, es clara al responder acerca del éxito del llamado del milagro finlandés: “Educación, educación y educación. Eso es todo”.

Y tiene razón, pues en las últimas décadas Finlandia invirtió más que casi todos los otros países en la creación de un sistema educativo gratuito y en la investigación y el desarrollo de nuevos productos. Ello le permitió al país pasar de una economía agraria, basada en la industria maderera, a tener una industria de tecnología avanzada.

¿Y cuál es el secreto de su sistema educativo?

Responde Halonen: “Entre otras cosas, el excelente nivel de capacitación de los maestros de escuela primaria. Tenemos una larga fila de expertos internacionales que están haciendo cola frente a las puertas de nuestro ministerio de Educación para ver qué pueden hacer aprender del sistema. Lo que les cuesta creer es que la respuesta sea tan simple como tener buenos maestros”.

 Halonen añade que los maestros en su país requieren tener una maestría en una de las universidades con carreras acreditadas en educación para poder enseñar en primer grado, y una licenciatura para ser maestros de jardín infantil. Y conste que los maestros gozan de un estatus social especial en Finlandia. Reciben una buena paga, ya que empiezan ganando el equivalente de unos 3.300 dólares al mes, un salario no mucho menor que el de otros profesionales, y su profesión goza de gran prestigio. No es para nada fácil ser admitido en la Escuela de Educación de la Universidad de Helsinki: tan sólo uno de cada 10 aspirantes logra ingresar a ésta o a alguna de las otras universidades acreditadas para enseñar la carrera. Al igual que todos los demás finlandeses, estudian gratuitamente, y además reciben una beca del Estado de alrededor de 450 dólares por mes para ayudar a pagar sus gastos de hospedaje y alimentación.

Reflexiones en torno al modelo educativo finlandés

El refrán popular reza que “no todo lo que reluce es oro”.

El triunfo –en abril de este año- del opositor Partido de Centro en las elecciones parlamentarias de Finlandia, puede hacer tambalear el sistema educativo. El Partido de Centro desplazó del gobierno a la coalición oficialista encabezada por los conservadores Kokoomus y el Partido Socialdemócrata. Este cambio parece responder al deseo de los ciudadanos de dar un giro frente al deteriorado escenario económico que atraviesa ese país. Tres años consecutivos de crecimiento negativo, un desempleo que supera el 10% y un PIB que para este año 2015 se espera aumente un modesto 0,8%, son un claro indicio de que el conocido “milagro finlandés” ya no está teniendo los exitosos resultados de antaño y que llevaron a esa nación a constituirse en una suerte de paradigma de desarrollo.

Uno de los aspectos más ilustrativos de esta fase de estagnación se ve reflejado también en el área educacional, donde Finlandia se erigió como un modelo a seguir en términos de calidad de enseñanza, liderando todos los ranking en esta materia durante la década pasada, pero que en la prueba PISA del año 2012 evidenció un llamativo retroceso, por ejemplo, ubicándose en el lugar 12 en matemáticas, entre los 65 países que contempla la medición. Con casi 5,5 millones de habitantes, este país progresó de forma vertiginosa sobre la base de un Estado de Bienestar y un sistema educacional público y universal que fue motivo de alabanza, pero que en la actualidad presenta deficiencias que aconsejan observar con criterio y mesura su receta de desarrollo.

De hecho, Chile está impulsando algunas reformas que tienen como referente elementos del modelo finlandés. Con un déficit público que en 2014 representó el 3,2% de su PIB y un fuerte retroceso de la productividad, no todas las lecciones que se pueden extraer de Finlandia son positivas, particularmente aquellas referidas a depositar una excesiva confianza en el Estado como articulador del desarrollo. Por lo mismo, es necesario atender también aquellos aspectos que no han sido exitosos, para evitar incurrir en los mismos errores.

Fundación Nueva Mente