Don Joaquín. Por Jorge Abasolo

NACIO CON LOS GENES PREMIADOS y su vocación (casi convertida en vicio) fue escribir crónicas punzantes. Ajeno al lenguaje floripondioso, le gustaba ser preciso. Definió la idiosincrasia chilena mejor que el más cotizado de los sociólogos. Su frase “el chileno construye bien, pero demuele mejor” no es acaso una síntesis de “lo nuestro”?

Al chisperío de su charla, hay que agregar que le encantaba la brevedad al escribir. Y al hacerlo no le preocupaba la eufonía, sino la enjundia de lo que decía y denunciaba. Abominó siempre de la política, aunque fue alessandrista por un tiempo. Creo que ambos propiciaban cambios profundos a su manera:don Joaquín a través de sus crónicas remecía el entumecido carácter nacional; y don Arturo quería cambios rápidos en una sociedad que oscilaba entre la letanía y el marasmo adormecedor.

Lejos de la escritura rampante, fue cáustico hasta la saciedad. Nos retrató con pluma irreverente y con sus propuestas fertilizantes hizo tambalear la pereza nacional, la improvisación y eso de dejar todo para un mañana que dura mucho más de 24 horas.

En su estadía en Chile, el filósofo español Ortega y Gasset señaló que el sudamericano vive de estrenos. ¡Nada más certero y concordante con el pensamiento de Joaquín Edwards Bello!

Dicho de otro modo, al chileno le encanta estrenar cosas y personas. Poco más tarde las olvidamos o las destruimos. Permanentemente nos entusiasmamos con la idea de que lo nuevo es mejor que lo viejo…y vuelta a empezar.

Ejemplos: a la carretera panamericana ahora la denominamos Ruta 5…y yo aún no conozco ninguna de las otras cuatro. ¿Existirán?

Nos gusta estrenar cosas cuando las de antaño aún están aún vigentes y lejos de caducar.

Si Joaquín Edwards Bello viviera hoy fustigaría con seriedad de inauguración de morgue nuestro lenguaje emoliente, siempre elusivo…como quitándole el poto a la jeringa. Y es que hoy por hoy a los delincuentes los llamamos “desadaptados sociales”, a las torturas le pusimos “apremios ilegítimos” , a las personas que cojean las tildamos de “seres con movilidad reducida”…y a los viejos los llamamos “adultos mayores”.

En Chile no hay baleos…hay balaceras…los incendios son siempre voraces y al cáncer lo llamamos “larga y penosa enfermedad”.

Sin duda, Joaquín Edwards Bello ha sido el cronista más brillante que tenido Chile. En cierta ocasión le pregunté a Leopoldo Castedo qué hubiese ocurrido si este cronista de tomo y lomo hubiese nacido en un país europeo. El enjuto historiador me respondió:

-Habría triunfado de todas maneras, porque era un genio.

Y claro, los genios destacan en cualquier latitud.

A propósito de lo mismo. Fue allá por el año 1997 y estaba yo en casa de Leopoldo Castedo entrevistándolo para mi primer libro, cuando me contó una anécdota que bien vale la pena recordar.

Ocurre que al llegar este destacado español a Chile, le exhortaron que debía conocer a don Joaquín, que ya tenía fama y peso específico propios.

Llevaron al historiador español a casa de don Joaquín, y éste lo recibió con las

siguientes palabras:

-Bienvenido a Chile, el país donde los únicos felices son los niños y los locos.

¡Una pena que las crónicas de Joaquín Edwards Bello no sean lectura obligatoria en nuestra aporreada educación media!

Fundación Nueva Mente