El gran negocio sale a la luz. Por Paul Villegas

Dentro de toda la discusión en torno a los medidores inteligentes, poco a poco se empiezan a visualizar situaciones muy agravantes que perjudican directamente al ciudadano común y corriente. Además, quiero señalar que —en mi opinión— el que se traspase los costos de los medidores a los consumidores no es tan grave como realmente se cree, la verdad es que en un mercado de bienes y servicios regularmente las inversiones interpuestas por una empresa pasan a transformarse en pasivos, estas se eliminan gradualmente traspasando los valores a los activos (recuperación del capital invertido), proceso que cualquier empresario, sea grande o pequeño, anhela cuando invierte cierto capital —el recuperar la plata que se invirtió finalmente—, por otra parte, la dicotomía ciudadana se centra en: “Estoy pagando algo que no será de mi propiedad”, pero si miramos a nuestro alrededor objetivamente la mayoría de bienes y servicios funcionan de una manera muy similar, pero ese no es el punto que quiero desarrollar.


El asunto que quiero atacar es, la evidente corrupción que sale a flote a través de estos arreglos a puertas cerradas por parte del Senado y el gobierno —anterior y actual—, como mencionó Tomás Mosciatti, una “licitación” es un escenario donde se presenta una cantidad X de empresas a ofrecer sus servicios, por supuesto la licitación se la gana quien ofrezca un servicio que se apegue a las necesidades y presupuesto del solicitante. Entonces, ¿Que paso en este caso? Porqué al parecer sí hay beneficiados, pero en ningún caso es el Chileno común. Siguiendo los alegatos que presenta la gente, sí, están ganando los mismos individuos de siempre, si eso no es satisfacer a ciertos grupos de interés, usando el aparato del Estado, no se que lo sea... ¿Donde queda la libre competencia? En ninguna parte, este chamullo calificaría como una trampilla más del poder político, el llamado capitalismo de amigotes o de compinches; o el mercantilismo que tanto atacó Adam Smith son más que evidentes en esta situación. Esta más que claro que parte de la clase política ya perdió cualquier rastro de vergüenza; esta más que claro que la democracia ha entrado en un estado etílico dentro de sí misma; y esta más que claro que si seguimos esta tendencia la corrupción no cesará jamás.


Como sabemos todos, tenemos un problema grave —a mi parecer—, la pregunta precisaría en ¿Como lo solucionamos? Bueno lo primero sería reducir el poder del Estado, hay mucha gente innecesaria qué como agregado está haciendo mal la pega —ineficiencias que salen directamente del bolsillo de los contribuyentes por lo demás—, estamos sucumbiendo ante el intervencionismo del Estado; mismo que se disfraza de burocracia y legislaciones qué por misión intentan socavar las libertades del individuo, sin mencionar que existe una cantidad innecesaria de parlamentarios qué —por otra parte— tampoco hacen bien la pega. Segundo, para licitaciones de esta categoría, en la cuál tocan necesidades fundamentales, debería implementarse una “democracia directa” ¿A que me refiero con esto? Que sean las empresas postulantes a la licitación las encargadas de informar a los ciudadanos que servicios ofrecen, cuánto costará, y cuándo sería implementada, claro eso sí, expresado de una manera simple y entendible para el público. En este caso los parlamentarios solo cumplirían un rol de consejería con su respectivos distritos. Que sean los ciudadanos, el pueblo, el que elija lo que quiere a través del proceso democrático, es hora de frenar este rol paternalista por parte del Estado y exigir nuestras libertades como nunca antes se había hecho, será responsabilidad de nosotros demostrar, sí lo que dijo Jorge Alís es realmente cierto, será que esta vez diremos las cosas, o solamente pensaremos y no diremos nada?

Fundación Nueva Mente