¡El eufemismo del Chileno! Por Sergio Rodríguez Bordalí

Estimados amigos:

Les comento que una amiga francesa visitante -criticona, analítica y puntuda- despues de pasar frente al frontis de un par de ayuntamientos, me interrogó sobre qué significaba la “I” de I.Municipalidad y al contestarle yo que significaba “ilustre”, me pidió que le nombrara alguna ilustre y… yo… yo…no supe dar con un ejemplo, lo que me llevó a pensar que no existe ninguna “ilustre” y que cuándo llegarí el tiempo en que termináramos con la absurda costumbre de nombrar a las cosas por lo que no son, si es que. ¡El eufemismo del Chileno!

Prosiguió, alentada, reprochándome -desde otro enfoque pero sobre lo mismo- que le parecía tan típico de esta Nación -según había desprendido de sus lecturas- la extraña costumbre de conmemorar Ios “desastres”, los “hundimientos”, el “sacrificio” y el así llamado “martirio”, como en Rancagua, Iquique, La Concepción o Laguna del Desierto. Le parecía que “era como si en su tierra se conmemorara con regocijo la humillación de la caída de París en mayo del 40.“ No dejé de encontrarle razón.

Entonces, desde ese punto, el nacional desprevenido, escala y cae en la soberana estupidez de desnaturalizar los nombres de las cosas y pasa a decirle “mascota” al “perro”; “precipitar” por “llover”; “aperturar” por “abrir”; “desvincular” por “despedir” o echar a patadas, que vendría siendo lo mismo; el “siniestro” por “incendio”; “matrimonio igualitario”, por “matrimonio unisex”, “expertise” o “experticia”, por “pericia”; “el gigante asiático” por “China”; el “hospital institucional”, por el “Hospital de Carabineros; la cursilería de “los abuelitos” por “el adulto mayor”…

Típico lenguaje de los medios, que abonan, en temas más contundentes, repitiendo, por ejemplo, “el Problema de Campos de Hielo Sur”, con lo que incluyen la totalidad del área, en circunstancias de que, de más de 350 kms. de longitud de ese deslinde, sólo falta delimitar un corto tramo de unos 50 Kms., unos 35 minutos de Latitud, entre el Monte Fitz Roy y el Cerro Daudet; y, así, como de carambola, se magnifican y agigantan, asuntos que no piensan tener ni el nombre, ni el sentido, ni la médula, ni la dimensión artificial que les atribuyen, dándoles una extra-connotación gérmen de futuros problemas. Después la contraparte te lo enrostrará: “si ustedes mismos calificaban el problema como referido a la totalidad del área…” ¡Un desastre!

Es como si se tratara de minimizar la idea y adulterar la palabra o el concepto, en grado ya de encogido fruncimiento, como diciendo “¡qué horror! cómo va uno a decir “despedir”, así tan … tan “descarnadamente”, no vaya a ser cosa que ello aparezca inadecuado o impropio, mejor soslayar un poco, solapadamente y cambiarlo por “desvincular”. Claro, para no tener que expresar la idea tan determinadamente, tan cruda y frontalmente, tan brutalmente.

Y cientos de ejemplos más que dan para un libro que alguien escribió y si no lo hizo, debió hacerlo.

En el área de la Laguna mencionada, por ejemplo, lo que hubo –frío pero certero - fue la muerte de un policía en un enredado entrevero en la frontera, en cumplimiento de su deber, que conocía de sobra y al que se había entregado con fe y a sabiendas. ¿Faltó un perímetro más amplio de seguridad, un área de cuarentena para proteger la patrulla, faltaron más centinelas, faltó más previsión, faltó más gente, faltó dejar ya de creer en el fair play del vecino, para que no te pillen con la boca abierta? Al hecho se le llamó “martirio”. Pero ¡no se trató en caso alguno de un “martirio” o de un “suplicio” o de un “tormento”, como ser empalado o tirado a la hoguera o desmembrado en el lecho de Procusto, casi como para que te incorporen al martirologio de los santos, en un caso extremo de inmolación.

A la inversa, los hechos excepcionales, los actos destacados dignos de los mayores encomios y alabanzas, de admiración y respeto, que deban servir de ejemplo a las generaciones, que demuestran la altivez, el valor, el profesionalismo, la astucia, la sapiencia, y el conocimiento de tu oficio, no son suficientemente honrados o no lo son en absoluto. Es el caso del Combate de Punta Gruesa en Iquique, en que Condell , ese 21 de mayo, redujo por sí solo, la flota adversaria a menos del 50 %. El país está demasiado en deuda con Carlos Condell de la Haza. Es verdad. Para qué desconocer algo tan evidente.

Yo sugeriría que -haciendo uso de esta especie de derecho de rebautizar- en adelante llamáramos al mar que baña nuestras costas, el Mar de Condell… y por qué no…también del Mar de Latorre.

Sergio Rodríguez Bordalí

Fundación Nueva Mente