¿Quo vadis, Argentina? Por Jorge Abasolo

Decepción es la palabra que mejor sintoniza con el estado anímico del argentino medio, en la actualidad.

Se esperaba más del gobierno de Mauricio Macri. Ya han pasado los dos años de gracia que se le otorgaron, luego de recibir un país saboteado y saqueado por los Kirchner.

Ellos lo saben. No tienen opción. ¿Volver con Cristina? ¡Jamás!

Y otra opción no existe, a no ser que pensemos en los clásicos políticos demagogos y advenedizos que –a Dios gracias- en la Argentina aún no son en la magnitud para poder acceder a la Casa Rosada.

Curioso país Argentina. Lo tienen todo para ser grandes…y siempre han oscilado entre el marasmo y la inercia.

Pero es injusto llevar a Macri al cadalso y decir que todo va mal

Al menos pudo lograr un préstamo por 3.400 millones de pesos y potenciar la feble economía actual, donde el precio disparado del dólar y una inflación galopante son los problemas cardinales de ese país.

Los acérrimos opositores al gobierno olvidan que las jubilaciones aumentarán en un 5,6 por ciento a contar del mes de junio, y la mínima será de $8.096…harto más de lo que tenían con los Kirchner.

El gobierno de Macri ha logrado recuperar la credibilidad internacional. Eso explica el préstamo del FMI.

Es claro, Argentina siempre ha apelado a créditos externos y no siempre los ha pagado. Pero hoy ello juega a favor de Macri y sus ministros.

Un país con recursos naturales de sobra, con una educación cívica aún alta, una educación pública que fue de las mejores del mundo en su época, ¿cómo pudo llegar a esto?

Es cosa de hacer historia.

La Deuda y su hermana, la Patria Financiera, nacieron mediante una ley de noviembre de 1822, la que autorizó a Bernardino Rivadavia a contratar un empréstito con la casa Baring Brothers. La asfixia financiera de un Estado había comenzado diez años antes, en 1811, cuando el gobierno lanzó “empréstitos forzosos”, préstamos de guerra disfrazados que jamás eran devueltos o que lo eran a cambio de papeles del mismo gobierno y que solo servían para pagar otros impuestos. Desde el comienzo el empréstito Baring tuvo un propósito bien determinado: iniciar los estudios relativos a la construcción de un puerto y dos cárceles.

En el año transcurrido entre las dos leyes que lo autorizaron se le agregó la colonización, la fundación de dos pueblos y la instalación de agua corriente en Buenos Aires.

Ninguno de los objetivos se cumplió en ninguna de sus partes, aunque el dinero estuvo disponible desde mediados de 1824.

En el seminario acerca de los aspectos históricos de la deuda argentinas, dictado en la Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad de La Plata, Alejandro Olmos Gaona relató el último capítulo de la historia Baring Brothers: “Después de transcurridos los años retenidos por conceptos de intereses adelantados no pudieron pagarse los intereses y debió recurrirse a la venta de dos barcos para afrontar el pago de las obligaciones. Rosas se enfrentó con una deuda que ya era sideral y trató de demorar los pagos, aún cuando las presiones se hicieron cada vez más intensas.

En 1842 un vocero de los banqueros intentó llegar a un acuerdo; y entonces Rosas ordenó a su ministro en Londres, el doctor Manuel Moreno, que auscultara la posibilidad de entregar las Islas Malvinas a cambio de la cancelación de la deuda, previo reconocimiento de la soberanía argentina sobre las islas. La negociación no fructificó y, a pesar de los dos bloqueos que soportó estoicamente el Puerto de Buenos Aires y a las difíciles condiciones de la administración, sólo se pagaron diez mil libras”.

Más adelante, Olmos –en su exposición- aclaró que “recién el año 1857 el doctor Norberto de la Riestra firmó en Londres un acuerdo contrayendo nuevas obligaciones y renegociando la deuda en su totalidad. A esa fecha los intereses vencidos sumaban ya 1.641.000 libras y la deuda en su totalidad era de 2.457.155 libras. Todos los gobiernos posteriores continuaron pagando y refinanciando la deuda, hasta que se logró cancelar definitivamente recién en el año 1903”

Scalabrini calculó que se pagaron hasta 1881, cuatro millones ochocientas mil libras esterlinas. En el anverso de la medalla, los prestamistas argentinos lograban jugosas ganancias y jugaban con recelo.

Ya la corrupción de la clase política argentina era ostensible.

En “Memoria sobre el fracaso de la Asociación Minera del Río de La Plata formada por el señor Rivadavia”, el capitán Bond Head detalló en 1826, “los impedimentos de carácter moral y político que se oponen al éxito de cualquier empresa en la Argentina”.

Como consecuencia de ello, Buenos Aires vivía de prestado, y la “fiesta argentina” que precedió al Centenario tuvo su origen –una vez más- en préstamos extranjeros.

León Pomer analizó el empréstito adquirido en Londres en 1871 que permitió el ingreso al mercado argentino de veinte millones de pesos fuertes, que a la vez fueron mas prestados a través del Banco Provincia. Hacia 1896 la deuda externa ascendía a 922.545.000 pesos oro y los intereses que debían remitirse al exterior insumían cerca del 20 por ciento der las arcas del Estado en 1891; un 49% en 1888 y un 66% en 1889.

En aquella década del noventa (mil ocho), escribió el pensador Manuel Rojo:

“Se jugó al alza de la tierra, a la del oro, y a los títulos. Se jugó en los

frontones y los hipódromos, se jugó a los naipes como nunca jamás se ha visto

en parte alguna del globo”.

Paradojalmente, en otros aspectos, Argentina daba que hablar y se alzaba como potencia sudamericana. Era su clase política, sumada a la económica, las que despilfarraban el futuro de un país nacido para ligas mayores.

Y como desde fuera las cosas se ven con una perspectiva más certera y hasta más objetiva, tuvo que ser un pensador europeo el que advirtiera lo alarmante de la situación. En efecto, hacia 1911, el español José María Salvatierra escribió acerca de Buenos Aires: “No hay ciudad en el mundo donde resalte de tal modo la fiebre del llegar, del conseguir. La lucha por el dinero tiene aquí mayor vivacidad que en los pueblos del norte: proyectos concebidos, explicados y fracasados en una misma conversación, ir sin plan, volver con nada definitivo, concertar sociedades y deshacerlas enseguida, exagerar las ganancias, mendigar, manipular”.

Pero hay más. Rodolfo Rivarola escribía en 1913: “Producir por dos y gastar por cuatro restando la diferencia, parece ser el lema de los argentinos”.

¡Cuánta razón tenía! De ello son responsables el gobierno y los gobernantes, en su carácter público y en sus vidas privadas. En lo primero porque olvidaron que el gobierno debe educar al pueblo. Por ello, en Chile el lema del gobierno de Pedro Aguirre Cerda “Gobernar es educar” fue mucho más allá que un simple eslogan. Fue una realidad profunda resumida en pocas palabras.

En consecuencia, la burocracia argentina no solo ya era corrupta…también era cara.

León Pomer refiere que en 1902 la burocracia oficial costaba a la Argentina 6 pesos oro per cápita, contra 1,20 pesos que costaba en Suiza, 10 en los Estados Unidos y 2,06 en Inglaterra.

En medio de una honda crisis (la de 1892) había 7.653 empleados públicos. Al año siguiente eran 8.860, y más de la mitad trabajaban en Capital Federal. En esto, la falta de visión para potenciar a las provincias y regiones, fue similar a la chilena.

LO ACTUAL Y LO QUE VIENE

El gobierno de Mauricio Macri ha vuelto al FMI. Esperemos que le vaya bien y no se repita esa tradición atávica argentina: la de producir por dos y gastar por cuatro. Si no aprenden de los errores de antaño, puede que el actual gobierno termine en default.

En lo personal no lo creo, porque seamos justos: el gobierno de Macri ha transparentado las cifras del INDEC (intervenidas groseramente por los Kirchner) y le ha restituido a la Argentina su credibilidad internacional.

¡Dios quiera que hayan asimilado los desatinos de su propia historia!

Fundación Nueva Mente