¿Basta con ser anti izquierda y pro mercado? Por Arturo Frei Riutort

¿Basta con ser anti izquierda?¿Basta con ser anti socialista y anticomunista para poder conformar una coalición política?¿Basta con ser pro mercado?

Es condición necesaria pero no suficiente para poder realmente llegar a ser una sociedad que entienda la libertad es lo principal para el ser humano y nadie puede faltar el respeto a esto.

Muchos, y cada vez se nota más en las urnas, estamos en contra de las políticas de izquierda, por diferentes motivos, sin embargo no todos son válidos, es decir, la izquierda tiene razón (desde la perspectiva del respeto) en algunos aspectos ligados a las libertades individuales y no es aceptable hacer caso omiso con esto. Entre estas diferencias, nacen dos tipos de oposición a la izquierda; una, más identificada como conservadora, que intenta limitar conductas ajenas aunque estas no impliquen el daño físico a un tercero, mientras la segunda, más de corte liberal, respeta todos los proyectos de vida ya que ahí es donde se está expresando la libertad de cada uno, mientras no se utilice la coacción.

Dicho lo anterior, supone muchos conflictos el transar con conservadores temas que no son transables como es el respeto hacia otros, entendiendo que ninguna persona es un medio sino un fin en sí mismo, entendiendo así el verdadero individualismo. Como ciudadano me niego a aceptar y me rebelo a que el estado me obligue a hacer o no ciertas actividades en las cuales no estoy afectando a un tercero, como puede ser el consumo de drogas, el matrimonio homosexual o el aborto. Las personas pueden tener los pensamientos que quieran e incluso también los pueden hacer púbicos por más ofensivos que estos sean, pero no pueden usar la fuerza contra otro aunque no esté de acuerdo con su conducta.

El conservador no tiene clara la base ética sobre la que se sustenta todo el libre mercado y por ende son un peligro para la libertad, ya que están dispuestos a instrumentalizar a otros o limitarlos para imponer su proyecto de vida y sus valores a la sociedad. Por eso es tan importante defender la libertad en el más amplio sentido de la palabra sin permitir ninguna intervención ni imposición de parte de un tercero, incluido el estado. El conservador cree en la instrumentalización del estado para lograr ciertos fines que considera deseables, y por ende es ingenuo al pensar que el estado favorecerá a los ciudadanos y no a quienes están mandatados a hacer cumplir la ley. Ignoran que las personas que trabajan en el estado tienen incentivos a corromperse, aliarse con la mafia, beneficiarse económicamente y buscar permanecer en el cargo, aunque esto signifique perjudicar a los supuestos beneficiarios de los tributos. Piensan que el estado viene a resolver todos los problemas que el mercado no puede resolver, mientras que los liberales pensamos que todas las relaciones humanas funcionan con el consentimiento de ambas partes, desde el inicio hasta el final de la relación, por ende de la misma forma que cualquier mercado en el que pensemos.

No se puede abrir ni siquiera una ventana a relativizar la importancia del ejercicio de la libertad de las personas, como un imperativo moral y como motor de la creatividad, que es la fuente de donde el ser humano obtiene la solución a una serie de necesidades que se presentan para su subsistencia. Cuando esta ventana se abre, los conservadores se comienzan a mimetizar con la izquierda socialista comunista y comienzan a clamar por mayor intervención en los más diversos sectores; mientras los conservadores pedirán mayor poder para las fuerzas armadas o para el banco central ante una crisis económica, la izquierda pedirá que el estado regule a los empresarios, a las empresas y a los mercados. Finalmente ambos tienen FE en qué entregando más poder a personas que trabajan en instituciones publicas los problemas serán menores, no entendiendo que el origen del problema es justamente la discrecionalidad de unos sobre otros en nombre del bien común que se produce al centralizar el poder y obligar o limitar conductas que no tienen ninguna razón de ser obligatorias o limitadas.

Arturo Frei Riutort

Fundación Nueva Mente