Sobre la proporcionalidad en la defensa ante un delincuente. Por Mario Bórquez

Está muy en boga esto que una víctima, ante un ataque de un delincuente “debe usar una fuerza proporcional”.

Pero ¿qué es la proporcionalidad? Y definido eso ¿qué podría ser considerado “no proporcional”? (siempre significando “excesivo” por cierto)

Primero, es esencial desenmascarar un aspecto: Cuando se analiza la proporcionalidad o falta de ella, lo que se compara es la cantidad de fuerza aplicada por víctima y victimario en la instancia específica de que se trata, es decir, durante el ataque.

Para nadie puede ser sorprendente que ese marco de análisis es erróneo por las siguientes razones:

1.El delincuente, incluso antes de planear y preparar un delito específico, tuvo todo el tiempo necesario para prepararse en sus competencias como delincuente;

2.El delito comenzó mucho antes de que el delincuente atacara a su víctima;

3.La  víctima no tiene capacidad de comprender y cuantificar la extensión completa del ataque mientras el delincuente lo lleva a cabo.

De lo anterior, una vez enfrentados, víctima y victimario tienen muy disímiles capacidades de acción y reacción: He aquí la inmensa verdad que los buenistas defensores de los derechos de los delincuentes se cuidan muy bien de mencionar. Veamos:

El delincuente se ha preparado para delinquir

Sin que medie apremio alguno, el delincuente se hace hábil en obtener las diferentes competencias y recursos que lo hacen apto para cometer delitos: sigilo, violación de cerraduras, uso de armas, técnicas de escape, preparación sicológica, recursos de apoyo y todo lo demás.

La víctima, por su parte, podrá haberse preparado en alguna medida, pero siendo un delito una violación de un pacto social de convivencia pacífica, podemos presumir -en el ser y en el deber ser- que la víctima ha puesto más énfasis en actuar dentro de ese pacto social y por ende también ha enfatizado desarrollar competencias para ello en desmedro de las de defensa ante delincuentes.

El delito comienza mucho antes que el delincuente ataque a su víctima

El delincuente tiene la decisión de la oportunidad, por lo que cuenta con todo el tiempo que estime conveniente para planificar y preparar su ataque;

Por la misma razón anterior, el victimario tiene la ventaja de la sorpresa, y puede maximizarla sobre su víctima (por ejemplo, atacando mientras ella duerme)

Entonces, en buena fe, el análisis de proporcionalidad en el uso de la fuerza para repeler un delito debe hacerse abarcando no sólo durante la ocurrencia de la instancia en que victimario y víctima se enfrentan.

La víctima no tiene capacidad para comprender y cuantificar la extensión completa del ataque mientras el delincuente lo lleva a cabo

Factor sorpresa, disparidad de preparación, imposibilidad de la víctima de saber en qué estado están los suyos, desconocimiento del estado mental del victimario, desconocimiento de eventuales cómplices, su ubicación y capacidad de hacer daño: Podría seguir enumerando factores incapacitantes de la víctima, pero baste con los mencionados.

En conclusión, el desequilibrio de posiciones a favor del victimario y en contra de la víctima es siempre abismante en su magnitud e integral en cuanto abarca todos los factores.

En sencillo, el victimario siempre tiene una ventaja magnífica. Por ello, cualquier recurso de defensa que la víctima utilice es perfectamente legítimo.

Además porque si en su empeño la víctima destruye al victimario, le habrá hecho un servicio gigantesco a la sociedad.

Mario Bórquez Brahm

Fundación Nueva Mente