La (in) utilidad de las Cumbres. Por Jorge Abasolo

Nadie duda que los Jefes de Estado deben tener fluida comunicación,

porque la globalización hace tiempo que es una realidad incuestionable.

Sin embargo, ¿por qué las cumbres gozan de escaso prestigio, y hasta más

de un propio presidente ha cuestionado su importancia?

Tal vez porque en la mayoría de los casos nada relevante se discute en ellas

y las conclusiones son firmadas y escritas en un lenguaje floripondioso,

elegante pero poco trascendente.

Hay excepciones, como la Apec y las reuniones del Grupo de los Ocho.

Lo que digo va para citas mundiales como las del medio ambiente y

también a la Iberoamericana, aquella realizada el año 2004 en Costa Rica,

donde casi hubo de suspenderse por…falta de quórum.

¡SIC!

Aún recuerdo a un ex Jefe de Estado que llegó a decir solo asistiría a

aquellas que de verdad son importantes.

Digo esto justo en el momento en que se está llevando a cabo –casi

terminando- la VI Cumbre de las Américas, en Cartagena de Indias,

Colombia. La cumbre ha sido de baja intensidad, como casi todas las que

ya habíamos conocido.

Es útil consignar que la idea de las Cumbres fui instituida en 1994 y es la

principal cita entre el presidente de EEUU y la comunidad de las naciones

americanas.

En vez de organizar estas pomposas cumbres, harto costosas, por lo demás,

no bastaría que el presiente de EEUU asistiera a la OEA –Organización de

Estados Americanos- una vez al año…o cada dos años?

Como si ello no bastara, a esta cita en Colombia, el presidente Barack

Obama llega con pocas ofertas. Y ello es perfectamente atendible: Obama

está más preocupado de la campaña de su eventual reelección y con su

mirada puesta más en China, Medio Oriente y Europa, donde –quiérase o

no- suele decidirse el destino del mundo.

En otras palabras, hacerse de ilusiones con esta cumbre multilateral, sería

como creer en las promesas de campaña de los candidatos a una elección.

¿Irá a salir algo importante de esta reunión?

Lo más probable no a va a surgir ni remotamente la unidad de la región, ya

que como es habitual ha habido más retórica que sustancia.

En esta cumbre hemos visto mucha diplomacia, que no es otra cosa que la

cara delicada de la hipocresía.

Es casi absurdo compararse con la Unión Europea, como algunos de los

asistentes lo han hecho. Por el contrario, lo que hoy es la Unión Europea se

desarrolló exactamente al revés, ya que se inició como un modesto acuerdo

del carbón y el acero, para pacientemente ir generando beneficios para los

europeos.

Por otra parte, me asalta una legítima pregunta: ¿quién pone la agenda a

discutir en estas cumbres?

En la de Cartagena de Indias parece que se alteraron las prioridades.

Hay discursos afables y un sano afán por desear una América más unida,

pero de una Cumbre se espera algo más que eso.

¿Era trascendente incluir el tema de la legalización de la droga en una

Cumbre como esta?

Sabemos que en dos o tres días es imposible ponerse de acuerdo en una

materia como esta. Por otra parte, creo que se trata de un tema que cada

país debe enfrentar conforme a la envergadura y peligrosidad del mismo.

¿Es lo mismo tratar el tema de la droga en un país como Colombia, que ha

sido la principal causa de muerte, a tratarlo en un país como Chile, donde

lo largo del país y la existencia de la Cordillera de los Andes hacen que la

forma de enfrentarlo sea muy distinta a la de países como Perú y Argentina,

por ejemplo?

América no puede tener una política común para tratar el tema de la

legalización de la droga.

El propio presidente Piñera fue bien tajante en esta Cumbre de Cartagena

de Indias. “Si bien los resultados del combate a las drogas no son los que

quisiéramos, no significa que el camino de legalizar vaya a producir

mejores resultados”.

En síntesis, creo que la utilidad de estas Cumbres podr`piamos compararlas

a la utilidad de la corbata, el apéndice o las polainas.

Son tan eficaces como mandar a vacunar a los muertos en el cementerio.

Jorge Abasolo

Fundación Nueva Mente