Estado v/s mercado. Por Jorge Abasolo

Revisando la historia, es fácil comprobar que el Estado ha tenido mayor vigencia que el Mercado. Este último asoma con fuerza recién en la década de los 50 del siglo pasado. Hoy por hoy, Estado y Liberalismo (léase mercado) siguen teniendo sus adláteres y adversarios.

Mientras unos fetichizan al Estado;otros ensalzan las virtudes del Mercado.

El acertijo no pasa por allí. Si bien es cierto el proceso de globalización cuestiona la tradicional intervención estatal, es ilusorio identificar el desarrollo con el mercado.

Esta discusión arremete con fuerza tras la muerte de Mao Tse Tung, el líder chino que atribuyó al Estado un poderío que hasta podría poner en jaque la supremacía mundial de los Estados Unidos. Estábamos en plena Guerra Fría y Mao intentaba por todos los medios amenazar la hegemonía estadounidense. Con la muerte del líder chino, asume el poder Den Xiao Ping, quien admite que la “estatitis” había sido una enfermedad letal para el desarrollo de una potencia en ciernes como China. Entonces lanza su frase que cruzó la historia: ”Lo que importa no es el color del gato, sino que cace ratones”. Con ello admitía que al Estado no bastaba con acicalarlo o darle los toques inherentes a una reformulación del mismo. Había que aceptar ciertas bondades del liberalismo y el pronóstico fue acertado. Hoy en día, China asoma como un coloso mundial que puede competir en varias áreas con los Estados Unidos, en virtud de las bondades del mercado.

¿De qué sirvió entonces la Revolución Cultural impulsada por Mao y que dejó una secuela de hambruna y millones de muertos?

La crisis del Estado desencadena la crítica del Estado. El liberalismo denuncia no sólo el estatismo, sino que condena toda intervención estatal como consustancialmente nefasta. Adicionalmente, la reducción del aparato estatal también incluye ventajas: no solamente disminuye la corrupción o ineficacia burocrática, sino que elimina la mentalidad rentista.

¿Significa esto que el Estado debe desaparecer? ¡Para nada! El ejemplo alemán es paradigmático en este sentido. El modelo liberal supone una fuerte intervención del Estado para reprimir las reivindicaciones sociales e imponer la liberalización de los mercados a los sindicatos (leyes laborales) y a los empresarios (política crediticia y monetaria). Es indiscutible que en el Chile de hoy el sindicalismo se ha convertido en un oficio tan rentable como el del político profesional. Ganan mucho, trabajan poco y jubilan con privilegios vetados al común de los chilenos.

Gradualmente, estas experiencias se reflejan en el debate de Latinoamérica. La antinomia del Estado y Mercado ha cedido lugar a la comprensión que tanto el “modelo desarrollista”, centrado en el rol activo del Estado, como el “modelo liberal”, apoyándose en la dinámica del mercado, deben ser analizados en relación con la atmósfera social, y no en función de discursos plenos de frases de trinchera –cuando no- callejeras y consignistas.

No quiero ser estigmatizado como adlátere irrestricto del mercado. Solo me limito a observar. Cuando existe (ya no solo escasez) sino que miseria, las leyes del mercado resultan inoperantes. Y es que la racionalidad del mercado supone la igualdad de oportunidades para competir, pero él mismo no genera dicha premisa.

Sin embargo, el Estado se encuentra más limitado aún para enfrentar por sí solo los desafíos de la integración social (Cuba y Venezuea son ejemplos decidores). No olvidemos que el proceso de globalización se caracteriza precisamente por desbordar el ámbito del Estado nacional.

Por razones de espacio, debo terminar mi columna. Resumiendo, creo que ningún país puede prescindir ni del Estado ni del mercado, aunque éste último sigue ganando cada día más terreno y prestigio.

Si me enredé mucho en mi explicación…si encuentra mi teoría muy abstrusa, trataré de explicarlo todo en una sola frese:

“-Para ver qué sistema funciona mejor, basta ver para qué lado del mundo arranca la gente”.

Fundación Nueva Mente