Reforma Educacional. Por Gonzalo Correa

Reforma Educacional. No al lucro. Educación gratuita. Educación de calidad. Ley de inclusión. LOCE. LEGE. No al Copago. No a la Selección. Estas son solo algunas de un sinfín de consignas que venimos escuchando desde 2006 y 2011, con las irrupciones de los recordados pingüinos y luego del Movimiento Estudiantil. Desde los pingüinos ya van casi 10 años. ¿Cuál fue el balance final de esto? Podríamos mencionar los activistas (hoy diputados) que llegaron al Congreso, que por una parte formaron una coalición política, y por otra llegaron apoyados por el Partido Comunista; podríamos mencionar también la Ley de Inclusión (curiosamente bautizada así), o la Ley de Gratuidad universitaria, o el acuerdo de bajar la tasa del CAE. Pero saben qué, aunque vimos decenas de marchas, de jóvenes tanto de los idealistas y bien intencionados hasta los violentistas encapuchados, bien poco compromiso se ha visto por parte de esos mismos jóvenes por aportar ellos mismos a la calidad de la educación. Dicho de otra forma, es legítimo en democracia expresarse o incluso el “derecho a pataleo”, de reclamar cuando algo no está bien, pero el real compromiso con una causa, y el que genera respeto, admiración y real cambio, es cuando nos hacemos cargo. Yo me pregunto honestamente, ¿cuántos de esos jóvenes que marcharon por la educación lo hicieron por capear clases y cuántos tienen un compromiso real por la educación? ¿Cuántos pintaron un lienzo para pasearlo por la Alameda y cuántos apoyan a otros a mejorar su aprendizaje? ¿Cuántos de esos jóvenes por levantar la voz se quedaron conformes y cuántos alguna vez se han sentado a ayudar a estudiar a otro? Esta reflexión va no con el afán de ningunear el trabajo legislativo que han buscado hacer los activistas que se convirtieron en diputados, ni tampoco deslegitimar las marchas, sino que va en directo mensaje a los jóvenes (y adultos jóvenes incluso) que tienen o tuvieron la posibilidad de ir a la Universidad y tener una carrera. Cada uno de nosotros podemos marcar una diferencia. Chile nos necesita a todos y cada uno de nosotros para avanzar, y cuando sabemos que tenemos miles de niños que llegan a cuarto básico sin saber leer o haberse aprendido las tablas de multiplicar, tenemos una brecha enooooorme de grande aún por cubrir. Más que seguir debatiendo sobre si estamos o no de acuerdo con la Ley de Aula Segura, con cuando debiese el Gobierno (del color que sea) seguir ampliando la gratuidad, o quizás cuál sea el tema de opinión (porque al menos al Ministro de los bingos y los hijos campeones la opinión

pública ya logró que fuese destituido), quiero traerles una invitación sin odio ni color político. Si eres joven (o con espíritu joven) y alguna vez dijiste “Chile necesita educación de calidad”, parte por ir y hacerte cargo tú mismo. Anda a un colegio de tu comuna y ofrécete para ayudar a estudiar a un niño, porque si nuestro sistema educativo público cosecha niños que en cuarto básico no logran leer o manejar operaciones matemáticas básicas, sus esperanzas de desarrollarse en la vida son abismalmente bajas. Tú sí puedes hacer una diferencia. Tú sí puedes sembrar mejor calidad de la educación. Tú sí puedes aportar a que en el futuro tengamos un mejor país. Y parte por algo tan simple como ayudar a aprender a un niño. No las marchas, no las consignas, ni un micrófono ante la cámara de un medio de comunicación. Es re fácil reclamar, pero hacerse cargo, difícil. Yo me pregunto, ¿cuán diferente sería el futuro si todos nos hiciéramos cargo de la educación?

Fundación Nueva Mente